atrever

(redireccionado de atreviese)
Traducciones

atrever

confiar

atrever

spolehat

atrever

trauen

atrever

count, rely

atrever

luottaa

atrever

conpter sur

atrever

leistamej, לסמוך, על

atrever

bizni

atrever

rekenen

atrever

contar
Ejemplos ?
Mas el «Rey de los Andes», como si estuviese celoso de compartir su imperio con el monarca del día, o como si se enfadara de que éste se atreviese a espiar sus misterios, llama a sí con nuevos bramidos a las lejanas nubes; ellas acuden con la rapidez del huracán, y le envuelven por todas partes en sus densos vapores.
Mas no faltó en él alguno que a media voz se atreviese a decir que cuando pasa por ante el Cristo, se tiene, y el embozo hasta los ojos, el sombrero hasta las sienes, cruza azaroso la calle como si alguien le siguiese.
Convencida de que no existía cura ni trajinero que se atreviese a salir solo de Cebre a tales horas, había licenciado hasta la mañana siguiente a su gavilla y se retiraba; al ver un barbilindo de curita que se aventuraba en el camino, había querido jugarle una pasada; pero el ruido del gatillo la hacía temblar y le aconsejaba como único recurso la fuga.
Ocultaba el muchacho su mal como si fuese el pecado más vergonzoso -cuando realmente era el brote, en fragantes rosas, de su bella eflorescencia juvenil-, y oía los comentarios relativos al mechón con ímpetus de cólera unas veces; otras, con desaliento amargo. Si se atreviese a dar un escándalo, desharía a alguno de los maldicientes...
Que los romanos, con quitar a los poetas contra los hombres la libertad que les concedieron contra los dioses, sintieron mejor de si que de sus dioses Pero los romanos, como se gloría Escipión en la mencionada obra República, no quisieron tener expuesta su vida y fama a los dicterios e injurias de los poetas, antes por el contrario, impusieron la pena capital contra cualquiera que se atreviese a hacer semejantes poemas...
Porque el mismo modo dicen que lo, hija de Inacho, llamándose después Isis, fue adorada y venerada como grande diosa en Egipto; aunque otros escriben que de Etiopía vino a reinar a Egipto, y porque gobernó por muchos años y con justicia, y les enseñó muchas artes y ciencias, luego que falleció la tributaron el honor de tenerla por diosa, siendo esta honra tan particular, que impusieron la pena capital a quien se atreviese a proferir que había sido criatura humana.
Lo hicieron con la verdad que no puede negárseles sin echar por tierra cuanto existe en el orden social; y es preciso sentar, en obsequio de los primeros principios, que seria el mayor atentado político aun imaginar un poder que, siendo sobre el origen de cuantos se conocen en la tierra se atreviese contra él mismo.
El estanciero rico, el comerciante bien pueden abonar al comisario una pequeña suscripción mensual, para que cuide, con mayor celo, de sus intereses; y el que, de mezquino, no quiere contribuir, tampoco se puede quejar de que los cuatreros le peguen malones; y si lleva, alguno de los damnificados, al comisario, para que vea por sus propios ojos, las panzas y las cabezas de las vacas que, de noche, le han carneado, se quedará éste pensativo, pero calladito, adivinando ya de dónde ese diablo de Fulano ha sacado, para mandárselo, un costillar tan gordo. ¡Cuidadito!, el carnicero que se atreviese a traer a su corral animales mal habidos.
En efecto, si uno se atreviese a pensar que los caudillos del pueblo no reciben directamente su inspiración de la Providencia, que obedecen a impulsos puramente humanos, el prestigio que les rodea desaparecería, y la resistencia a sus decisiones soberanas será irreversible, del mismo modo que se resiste a todo lo que viene del hombre a menos que su utilidad sea claramente demostrada.
Aquel día se dieron cuenta de que el tiempo venía a favorecer todavía más los infames proyectos de nuestros libertinos y a sustraerlos, mejor aún que su misma precaución, a los ojos del universo entero; había caído una espantosa cantidad de nieve que, al llenar el, valle que los rodeaba, parecía impedir que hasta los animales se acercaran al retiro de los cuatro criminales, pues en cuanto a los seres humanos no podía existir ni uno solo que se atreviese a llegar hasta ellos.
Y así, cuando le pareció reprimirlas y ocultarlas un poco, y cuando se ocultó más profundamente, dudó de él el príncipe de los demonios, y le tentó para saber si era Cristo, examinando todo cuanto Él se dejó tentar para acomodar al ombre que consigo traía para ejemplo y dechado nuestro; pero después de aquella tentación, sirviéndole, como dice el sagrado texto, los ángeles (sin duda, los buenos) y los santos, y, por consiguiente, haciéndose terribles y espantosos a los espíritus inmundos, se fue manifestando más y más a los demonios cuán, grande era, para que a su mandato, aunque en Él parecía de corta estimación por la flaqueza de la carne, nadie, se atreviese a resistir.
De las dos frases que dirigió a su cocinera ha escogido en su sueño la que carece de importancia, reprimiendo, en cambio, la otra -Hágame el favor de conducirse más correctamente-, que es precisamente la que forma sentido con el contenido onírico restante. Esta frase es la que se dirigía a alguien que se atreviese a hacer proposiciones indecorosas y olvidase «cerrar la carnicería».