atrever

(redireccionado de atrevía)
Traducciones

atrever

confiar

atrever

spolehat

atrever

trauen

atrever

count, rely

atrever

luottaa

atrever

conpter sur

atrever

leistamej, לסמוך, על

atrever

bizni

atrever

rekenen

atrever

contar
Ejemplos ?
─gritó el rey. Pero Jacques no se atrevía a salir de su escondrijo. ─ Vamos, sal de una vez ─gritó el rey─: tengo una cosa que decirte.
Me atrevía a decirle que estaba seguro de su amor, y al mismo tiempo le ofrecía esa seguridad, y la intensidad de mi afecto, como disculpa a mi imperdonable proceder.
Habiendo antecedido, por doce días continuos, algunos temblores de poca consideración antes del viernes de la primera semana de Cuaresma, que fueron 8 de febrero de 1600, esta noche arreció de manera que parecía hervir la tierra, y nadie se aseguraba ni atrevía a estar debajo de tejado, casi pronosticando el mal que se les aparejaba.
350 y si alguno disentía paradojo o avisado, no se atrevía a proferirlo, temiendo que, por extraño, su dictamen no incurriese, siendo de todos contrario, en la nota de grosero o en la censura de vano.
Recelando que la goma de la estampilla fuera almáciga de bacterias, no se atrevía á humedecer aquélla para pegarla en el sobre, y mirando á la simpática estafetera la dijo- —Me parece, señorita, que anda usted algo delicada de salud.
'El hombre de la limosna', a pesar de su disfraz, había sido atrapado. Pero yo, sentado en medio de la sala, no me atrevía a moverme.
Gruesas gotas de sudor crecían en la frente de Mahomet. Su boca entreabierta dejaba ver el fondo de la garganta, y no se atrevía a moverse.
Un día me di cuenta que estaba próximo a perder la razón. No me atrevía a afirmar si debía tener razón o si la debía perder. Entonces me decidí a vivir espontáneamente: si espontáneamente la perdía bien y si espontáneamente no la perdía también.
Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
Aunque todas mis visiones fueran involuntarias y sin mi participación, no me atrevía a tocar a Cristo con unas manos tan impuras y un espíritu mancillado por semejantes excesos reales o soñados.
Ya en esto, había acabado el mesonero de dar recado al cuartago, y sentóse a hacer tercio en la conversación y a probar de su mismo vino no menos tragos que el alguacil; y a cada trago que envasaba volvía y derribaba la cabeza sobre el hombro izquierdo, y alababa el vino, que le ponía en las nubes, aunque no se atrevía a dejarle mucho en ellas por que no se aguase.
¡El público es un imbécil!». -Eso no -decía un autor que ni en ausencia se atrevía a ser irreverente con el público. Un crítico, gran catador de salsas dramáticas y filarmónicas, crítico del Real, vamos, de óperas, y constante lector de Shakespeare, hizo la anatomía del drama y del estreno.