atlante


También se encuentra en: Sinónimos.

atlante

s. m. ARQUITECTURA Columna en forma de estatua masculina que sostiene sobre la cabeza o sobre los hombros los arquitrabes de una obra. telamón

atlante

 
m. arq. Cada una de las estatuas de hombres que, en lugar de columnas, se ponen en el orden atlántico.
fig.Persona que es firme sostén y ayuda de algo pesado o difícil.
V. Atlas (titán).

Atlante

 
mit. V. Atlas.
Sinónimos

atlante

sustantivo masculino
(arquitectura) telamón.

atlante:

telamón
Traducciones

Atlante

atlante

Atlante

atlante

Atlante

atlante

Atlante

أطلنطية

Atlante

Atlante

Atlante

Atlante

Atlante

Atlante

Atlante

Atlante

Atlante

SMAtlas
Ejemplos ?
No sólo a él, que a cuanto en Francia hubiera ganado por valor notable fama, a fin de que Rogelio de él no muera, Atlante conducir al sitio trama.
¿Tanta cólera podrá caber en los celestes númenes? No, facundo nieto de Atlante, no lo hallo posible. -Si es posible o no -añadió Mercurio-, vereislo después, y vuelvo a avisaros que si no dejáis esas gallardías de estilo, lo habréis de pasar muy mal, señor repentista.
oz de dolor, y canto de gemido, y espíritu de miedo, embuelto en ira, hagan principio acerbo a la memoria d' aquel día fatal, aborrecido, que Lusitania mísera suspira, desnuda de valor, falta de gloria; y la llorosa istoria asombre con orror funesto y triste dend' el Áfrico Atlante y seno ardiente, hasta do el mar d' otro color se viste; y do el límite roxo d' Oriënte, y todas sus vencidas gentes fieras, vên tremolar de Cristo las vanderas.
El que pueda contar cuánto soldado movió contra el rey Carlos Agramante, podrá contar sobre el feraz costado del Apenino cuánto está delante, cüántas olas del mar arrebatado bañan los pies del mauritano Atlante, o cuántos son los ojos con que el cielo de noche al que ama espía su martelo.
-Como chispa eléctrica impaciente que, presa en frío pedernal, no pudo brillar, hasta que siente de acerado eslabón el golpe rudo: así en medroso pasmo en tu pecho dormía, juventud española, el entusiasmo; mas cuando el regio acento generoso retumbó por los ámbitos de España, de el Pirene riscoso al confín andaluz que Atlante baña; estalla al fin la mágica centella las almas conmoviendo, y el abatido pueblo se levanta, y en sed de gloria ardiendo, lidia el guerrero y el poeta canta.
Que el Occidente escondía, dijo, riquísimas tierras; que era el ancho mar de Atlante de la gran Tartaria senda, y que dar la vuelta al mundo para él cosa fácil era, con otras raras especies tan inauditas, tan nuevas, que al escucharle, pasmado fray Juan Pérez de Marchena (aunque a osados mareantes hablaba con gran frecuencia, por haber muchos en Palos, y aunque sabe las proezas y raros descubrimientos de las naves portuguesas), no acierta si está escuchando a un orate o a un profeta, si es un ángel o un demonio el hombre que está en su celda.
Era este un nuevo y raro encantamiento obrado por Atlante de Carena, a fin de que Rogelio fuese atento tan solo a aquel afán y dulce pena, de suerte que anduviese a perdimiento el sino que a la muerte lo condena.
La desdeñosa niebla mancha la tierra, y desde el mar de Atlante, que alza y deprime sin mugir las olas, hasta el desierto que de tiendas puebla la caravana errante, do se alzan las pirámides a solas, tiendas también que abandonó en la arena una aurora, al partir, pueblo gigante, doquier la voz de los espantos suena, doquier se elevan tímidos los ojos.
Estas reflexiones hacía yo casualmente no hace muchos días, cuando se presentó en mi casa un extranjero de éstos que, en buena o en mala parte, han de tener siempre de nuestro país una idea exagerada e hiperbólica, de éstos que, o creen que los hombres aquí son todavía los espléndidos, francos, generosos y caballerescos seres de hace dos siglos, o que son aún las tribus nómadas del otro lado del Atlante...
En ese momento, ¡o Solón!, realmente vuestra poderosa ciudad fue ante todos los hombres diáfana y excelente, y se hizo valiente, poniéndose al frente de todos en el coraje y las técnicas sobre la guerra, mientras que por otra parte fue líder también de los helenos, y aunque la misma se vio forzada a quedarse sola cuando los demás se separaron, al producirse los riesgos más extremos, no obstante, fue la dominadora de los que estaban sobre la armada (atlante), a la cual detuvo.
De nuevo a la doncella le aconseja el modo en que vencer se puede a Atlante; y ésta, sola ya, de ella se aleja no más de un par de millas adelante, cuando uno que Rogelio ser semeja ve en medio de un jayán y de un gigante, que le hacen cerco tan estrecho y fuerte que a pique le están ya de dar la muerte.
La guía pocos pasos él delante, a una oquedad que el monte tiene abajo, donde escalón que en espiral se eleva, hasta la puerta del fortín los lleva. Del umbral una losa tomó Atlante, con trazos de una estraña algarabía.