aterido


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aterido, -da

(ate'ɾiðo, -ða)
abreviación
que está pasmado o yerto por el frío Pasó la noche aterido de frío y empapado por la lluvia y la nieve.
Traducciones

aterido

numb, torpid

aterido

ADJstiff with cold
Ejemplos ?
-¿Queréis darme hospitalidad? -Acércate a la lumbre, pues el frío te tendrá aterido. Aquel hombre sonrió; sacudiose la nieve que cubría sus vestidos y se aproximó al hogar tomando asiento en un taburete.
Y el Santo, aterido de frío, abandonado en soledad, impregnado por la inclemencia de las lluvia, atormentado por la fuerza de los vientos, soportaba, no sólo con paciencia, sino hasta con alegría y anhelo, el rigor de los fríos, la tristeza de la soledad, lo torrencial de la lluvia y la aspereza de los vientos, escudado con el amor de Dios, contemplando los sufrimientos de Jesucristo y fortalecido con la gracia del Espíritu Santo.
pronto borrose este recuerdo deslumbrador en su revuelta mente; que, más atado al vicio cada día, rodó el joven al fondo abominable de la degradación... y sobre el campo desierto y aterido de su alma sólo cruzaron ya fúnebres cuervos.
¡Qué radiante te adora en sus ensueños, el que las zonas cruza del gélido aquilón!... Los ecos de tu fama ¡qué gratos y risueños del aterido polo visitan la región!...
Árbol, gigante de cabeza cana, que en la espesura gimes de dolor, de cuyas hojas caen límpidas gotas, llanto de tu aterido corazón: voy a lanzar sobre tu frente el rayo, el rayo de mi cólera mortal, y a desgajar tus ramas amarillas para encender la lumbre de mi hogar.
Así como en la noche de la tierra, profunda noche de aterido invierno, el mundo despertó cuando en las ramas de la selva dormida el primer himno resonó del ave que desplegaba el ala entumecida presintiendo a la aurora: Así la humanidad despierta inquieta en la noche moral abrumadora cuando surge el poeta, ave también de vuelo soberano, que en las horas sombrías, canta al oído del linaje humano ignotas armonías, misteriosos acordes celestiales, enseñando a los pueblos rezagados el rumbo de las grandes travesías, la senda de las cumbres inmortales.
IV Mientras España duerme acurrucada al pie de los altares, calentando su espíritu aterido en la hoguera infernal de Torquemada, Francia recoge el cetro abandonado de la historia y prepara otra hoguera, a que arroja con ánimo esforzado fragmentos de Bastillas, instituciones viejas, privilegios, y de un vetusto trono las astillas — hoguera a cuya lumbre soberana va a forjar, como en fragua ciclópea, su eterno cetro la razón humana!
Esto diciendo," suelta las riendas e involuntariamente se desliza del caballo al suelo; luego poco a poco se va la vida desprendiendo de su aterido cuerpo, doblégasele el flexible cuello, su cabeza se rinde al peso de la muerte, deja caer las armas, y exhalando un gemido, huye su indignado espíritu a la región de las sombras.
Como el tren no corría, que volaba, era tan vivo el viento, era tan frío, que el aire parecía que cortaba: así el lector no extrañará que, tierno, cuidase de su bien más que del mío; pues hacía un gran frío, tan gran frío, que echó al lobo del bosque aquel invierno, y cuando ella, doliente, con el cuerpo aterido, -¡Tengo frío!
No se despierta al alba para ver formas temibles en tropel por la celda: el aterido Capellán en su túnica blanca, el Alguacil adusto en su tristeza, el Director en esplendente traje negro y el amarillo rostro del Desastre.
Amor, en himno eterno, canta la creación cuando desgarra la vil mortaja del caduco invierno; la mar sobre la barra tiende apacible las dormidas olas; con sus lascivos vástagos la parra ciñe al nudoso tronco y le da abrigo; las rojas amapolas ríen ocultas entre el verde trigo, y van juntas y a solas de dos en dos, con tímidos recelos, las mariposas blancas y ligeras, las aves por los cielos y por los bosques las salvajes fieras, Amor, en himno eterno, canta también tu corazón, bien mío. Goza, pues, del amor, antes que el frío sientas llegar del aterido invierno.
A veces, durante horas y horas, sólo interrumpía el silencio el lejano galopar de algún caballo, que se acercaba rápido y chorreante, descendiendo el jinete, aterido bajo el impermeable, sacudiendo éste y las botas de montar, apurando de un trago la copa de ginebra para reanudar con toda precipitación la incómoda marcha.