aterido

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aterido, -da

(ate'ɾiðo, -ða)
abreviación
que está pasmado o yerto por el frío Pasó la noche aterido de frío y empapado por la lluvia y la nieve.
Traducciones

aterido

numb, torpid

aterido

ADJstiff with cold
Ejemplos ?
El maestro, un fuerte hombre, rubio y muy alto para la época, bajó la mirada y la vio por primera vez: una cigüeña joven, aterida de frío y con un ala rota, tal vez por un choque con un cable de la luz, se acurrucaba entre los brazos del niño.
Jesús insistió: ¿De qué manera le hiciste bien, y ella te lo pagó con mal? El hombre repuso: La encontré en invierno, aterida de frío.
Era una noche de aterida niebla, en que refleja tan dudosa luz, que entre la sombra que el espacio puebla, nada se ve del firmamento azul.
Ahí la mujer, aterida de dolor y furiosa por la muerte de su hombre y de Cué, el hijo de ambos, maldijo a los blancos antes de morir.
El reno contó toda la historia de Margarita, aunque después de haber relatado la propia, que estimaba mucho más importante. La niña estaba tan aterida de frío, que no podía hablar.
Y en qué apuros se vió para hacer llamarada, pues, aunque enterró muy bien la noche antes, el frío había penetrado la ceniza; y aquella brasa moribunda no quería revivir. A fuerza de soplos, de pujos y de encarnizarse los ojos, obró el milagro de hacer entrar por el deber a aquella leña aterida.
Del Támesis y el Sena En la aterida margen recordaba Del Dauro y del Genil la orilla amena; Y triste suspiraba; Y al ensayar tal vez alegre canto, Doblábase mi pena, Mi voz ahogaba el reprimido llanto.
Devastaré en mi saña Los verdes campos de la míes ópima, Y desde la alta cima De la erguida montaña Arrojaré de lavas río ardiente, Que envuelto en humo y devorante llama Asole poblaciones Cual furioso torrente Que, cuando se desparrama, Arranca los arbustos á montones; Y la tierra aterida, A mi voz conmovida Temblará con atroz sacudimiento, Y á cada movimiento El rico suelo amargará, y la vida.
¡Aquellos ojos, hogar donde buscaba amparo mi alma aterida, antorcha donde yo había encendido una y otra vez la tea de mi silenciosa pasión, aquellos ojos, soles de juventud, de amor y de esperanza, eran dos cuencas vacías, dos hoyos negros, dos madrigueras de gusanos!
Todo esto, y aquel sol que volvía en busca de nuestra aterida zona, y aquel pedazo de firmamento azul en que se perdían la vista y el espíritu, y aquellas torres de la Alhambra, llenas de románticos y voluptuosos recuerdos, y los árboles que florecían a su pie como cuando Granada era sarracena...; todo, todo debía de pesar de un modo horrible sobre el alma de aquella mujer de treinta años, cuya vida anterior había sido igual a su vida presente, y cuya existencia futura no podía ser ya más de una lenta y continua repetición de tan melancólicos instantes...
Un granuja campesino me traía el pajarillo muerto por la mañana en el soto; otro asaba en la brasa castañas para obsequiarme; la mayordoma sacaba del seno el huevo de gallina, recién puesto, y me lo ofrecía; los más pequeños me brindaban tortas de maíz acabadas de salir del horno, o me enseñaban una lagartija aterida, que, al calorcillo de la llama, recobraba toda su viveza.
Estaba echada Minia sobre un haz de paja, a poca distancia de sus tíos, en esa promiscuidad de las cabañas gallegas, donde irracionales y racionales, padres e hijos, yacen confundidos y mezclados. Aterida de frío bajo su ropa, que había amontonado para cubrirse -pues manta Dios la diese-, entreoyó algunas frases sospechosas y confusas, las excitaciones sordas de la mujer, los gruñidos y chanzas vinosas del hombre.