ataúd


También se encuentra en: Sinónimos.

ataúd

(Del ár. at-tabut, caja, arca, tumba.)
s. m. Caja de madera donde se introduce un cadáver para enterrarlo. féretro

ataúd

 
m. Caja en que se lleva a enterrar a un cadáver.

ataúd

(ataˈuð)
sustantivo masculino
caja en la que se coloca a un muerto el ataúd egipcio
Sinónimos

ataúd

sustantivo masculino
caja mortuoria, féretro, cajón (América Central y Merid.).

ataúd:

féretrocaja,
Traducciones

ataúd

coffin, casket

ataúd

Sarg

ataúd

cercueil

ataúd

гроб

ataúd

bara, feretro

ataúd

rakev

ataúd

kiste

ataúd

ruumisarkku

ataúd

lijes

ataúd

ひつぎ

ataúd

ataúd

doodskist

ataúd

likkiste

ataúd

trumna

ataúd

caixão

ataúd

kista

ataúd

หีบศพ

ataúd

tabut

ataúd

quan tài

ataúd

棺材

ataúd

הארון

ataúd

SMcoffin, casket (EEUU)
Ejemplos ?
Mientras Selme revolvía la alacena, fueron entrando comadres y mocitas aldeanas, porque ya sabían el regreso del cantero con el ataúd a cuestas, y les picaba curiosidad de ver la caja bonita, un objeto de lujo.
Aquel segundo cuadro representaba a una difunta, joven y hermosa, tendida en el ataúd entre fúnebres cirios y negras y suntuosas colgaduras....
Mas he aquí que dos individuos de esta clase estaban junto al difunto depositado en el templo antes de ser confiado a la tierra. Se proponían cometer con él una fechoría: arrancarlo del ataúd y arrojarlo fuera de la iglesia.
La luz de los blandones daba triste claridad a la estancia, de cuyo centro enseñoreábase la enlutada camilla; y una ventana abierta de par en par renovaba el aire enrarecido por el perfume de las flores amontonadas sobre el ataúd, y el de los amarillentos blandones.
-exclamó lleno de asombro, al ver a éste, pálido, desencajado, con el hirsuto cabello sobre la frente y en los ojos la expresión de un dolor infinito, sin fondo, sin fronteras; a Joseíto, que flaco, amarillento, habíase tenido que apoyarse un punto contra el quicio de la puerta, como para no caer desplomado, y el cual, de pronto, como si tras el primer momento de estupefacción que en él produjera el trágico espectáculo, hiciera el dolor reaccionar todas sus energías, avanzó impetuoso como un torbellino y, febril, desatentado, con algo aterrador en los ojos, se arrojó sobre la muerta, casi la sacó del ataúd...
Había tenido un mal encuentro y era el momento de hacer el entierro de la tía. El ataúd se encontraba en el centro de la casa, recubierto de un sudario.
Dos días más tarde cuando colocaron su cuerpo en el ataúd, sus rasgos habían vuelto a ser serenos y dulces como lo fueron durante toda su vida.
En efecto, la agitación de las gentes, muy viva desde unos minutos antes, se acentuaba con la entrada en la sala de un nuevo ataúd.
En aquel momento acertó a pasar por allí un entierro; se fue a la caja, le echó una gota de bálsamo en la boca al difunto, que se levantó tan bueno y dispuesto, cargó con su ataúd y se fue a su casa; lo que visto por el segundo pretendiente, compró al viejecito su bálsamo por lo que le pidió.
Durante veinticuatro horas estuvo toda la casa en movimiento; criados que bajaban precipitadamente por las escaleras de servicio, palafreneros y mozos de cuadra limpiando los caballos, lustrando los coches, colocando gasas y crespones en los faroles, guarniciones y portezuelas; dependientes de la funeraria llevando a hombros inmensos cortinones de terciopelo negro, robustos e innumerables cirios, la repisa de peluche sobre la cual había de descansar el ataúd...
Bajaron la caja mortuoria hasta el portal y allí me dejaron junto a la puerta, uno de cuyos batientes estaba cerrado. Parte del ataúd, la de los pies, la mojaba fina lluvia que caía; ¡siempre la humedad!
Bajaron el ataúd a hombros por la espaciosa escalera del palacio cubierta de flores, lo mismo que el portal y que las baldosas de la calle; lo depositaron en el carro con gran respeto, cogieron las cintas ocho enlutados y al parecer entristecidos señores, y el cortejo fúnebre se puso en marcha entre el vocerío de los chicuelos de la calle y la admiración respetuosa de todos los vecinos del barrio.