atónito

(redireccionado de atónita)
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atónito, a

(Del lat. attonitus, aturdido, herido del rayo.)
adj. Extrañado o estupefacto nos dejó atónitos con sus bravatas.

atónito, -ta

 
adj. Pasmado de algo raro.

atónito, -ta

(a'tonito, -ta)
abreviación
1. persona que queda estupefacta o pasmada ante un hecho inusual testigo atónito
2. impasible que manifiesta confusión y asombro espectador atónito
Sinónimos

atónito

, atónita
adjetivo
estupefacto, suspenso, asombrado, pasmado, turulato (col.), patitieso (irón.), patidifuso (irón.), helado, sin poder hablar, con la boca abierta, como quien ve visiones, absorto*, admirado, maravillado, cautivado, abismado.
Helado sugiere principalmente inquietud o miedo.
Traducciones

atónito

ADJamazed, astounded
me miró atónitohe looked at me in amazement o astonishment
Ejemplos ?
De cada una de las notas que formaban aquel magnífico acorde se desarrolló un tema, y unos cerca, otros lejos, éstos brillantes, aquéllos sordos, diríase que las aguas y los pájaros, las brisas y las frondas, los hombres y los ángeles, la tierra y los cielos, cantaban, cada cual en su idioma, un himno al nacimiento del Salvador. La multitud escuchaba atónita y suspendida.
Claro que fumaba, la muy gringa, pero no delante de todos. -No me digas. Si estoy atónita. ¿Te acuerdas de los bailes del Real en mi tiempo?
Y le curó, de suerte que el mudo hablaba y veía. 12.23. Y toda la gente atónita decía: ¿No será éste el Hijo de David? 12.24. Mas los fariseos, al oírlo, dijeron: Este no expulsa los demonios más que por Beelzebul, Príncipe de los demonios.
Su aventajada estatura, Serena y magestuosa, (213) Su tez y su barba negra Y el traje con que se adorna Su oriental origen pronto Y á claras voces pregonan. Mas no era de Medellin La gente en trajes muy docta Y asi se quedó un momento Ante esta vision atónita.
Diez llevo en este convento, y en este mismo momento cumpliendo el décimo está. Quedó Margarita atónita su misma historia escuchando, y el tiempo a solas contando que oyó a la monja marcar.
Pasmada, atónita y confusa estaba Cornelia oyendo las razones del ama, que las decía con tanto ahínco y con tantas muestras de temor, que le pareció ser todo verdad lo que le decía, y quizá estaban muertos don Juan y don Antonio, y que su hermano entraba por aquellas puertas y la cosía a puñaladas; y así, le dijo: -¿Y qué consejo me daríades vos, amiga, que fuese saludable y que previniese la sobrestante desventura?
-¿Y qué pensará usted si le digo -prosiguió la primera- que la cogujada, que era tan tímida y tan mujer de bien, se ha hecho una insolente ladrona, y que ::La cogujada, en su trajín, ::pica el garbanzo, pica el maíz; ::y al sembrador que se enfada ::al ver el daño que hace, ::le dice muy descarada: ::«Siembra más, que este no nace». -¡Estoy atónita!
La ansiedad suspende los alientos. De pronto, entreacto, descanso, luz. Y Solange, atónita, vio... ¡No cabía duda! Era en el palco de al lado; la tocaban, la rozaban con sus codos, con sus hombros...
Hízolo así la muchacha, sin darse cuenta del porqué; y al punto el esposo, con mayor imperio, ordenó: -¡Ahora..., ponte mis pantalones! Atónita, sin creer lo que oía, la niña optó por sonreír a su vez, imaginando que se trataba de una broma de luna de miel..., broma algo chocante, algo inconveniente...; pero ¿quién sabe?
-Fanchonette, hija mía... ¿Cómo vienes antes que haya amanecido? La muchacha, tranquilizada y atónita, se detuvo. -¡Dios mío, madame!
Por todas partes se veían cruzar escuderos caracoleando en sus corceles ricamente enjaezados, reyes de armas con lujosas casullas llenas de escudos y blasones, timbaleros vestidos de colores vistosos, soldados cubiertos de armaduras resplandecientes, pajes con capotillos de terciopelo y birretes coronados de plumas, y servidores de a pie que precedían las lujosas literas y las andas cubiertas e ricos paños, llevando en sus manos grandes hachas encendidas, a cuyo rojizo resplandor podía verse a la multitud que, con cara atónita, labios entreabiertos y ojos espantados, miraba desfilar con asombro a todo lo mejor de la nobleza castellana, rodeada en aquella ocasión de un fausto y un esplendor fabulosos.
La madre oía, atónita, hasta que al convencerse de que la mina contestaba, una carcajada de triunfo delirante salió de sus labios: -¡Ahí está!