arzón

arzón

(Del lat. vulgar *arcio < arcus, arco.)
s. m. EQUITACIÓN Fuste de la silla de montar.
NOTA: También se escribe: barzón

arzón

 
m. Fuste delantero o trasero de la silla de montar.
Traducciones

arzón

SMsaddle tree
arzón delanterosaddlebow
Ejemplos ?
A serenarse». Tocó con el arzón las pistoleras; llevaba dos pistolas inglesas magníficas, regalo del marqués de Ulloa. En el pecho sintió el bulto de un cuchillo de picar tabaco.
Adquirió energía, prestada por la indignación. Rápidamente sacó del arzón una pistola y la amartilló. La mujer pegó un salto, y en su atezado rostro, que alumbraban los últimos reflejos del Poniente, se pintó una especie de terror animal, el espanto del lobo cogido en la trampa.
Todo un curro era el jinete, a juzgar por su trapío: faja negra, calañés y sobre la faja un cinto con municiones de caza, pantalón ajustadísimo, marsellés con más colores que la túnica de un chino, y una escopeta, al arzón unida por verde cinto.
Apresuréme para ganar la otra orilla, y cuando ya mi caballo se erguía asentando los cascos en la arena, sentí en el brazo izquierdo el golpe de una bala y correr la sangre caliente por la mano adormecida. Mis jinetes, doblados sobre el arzón, ya trepaban al galope por una cuesta entre húmedos jarales.
Cuando vio Carbajal la traidora deserción de sus compañeros, puso una pierna sobre el arzón, y empezó a cantar el villancico que tan popular se ha hecho después: :::«Los mis cabellicos, maire, :::uno a uno se los llevó el aire.
El sarraceno que de aquel censura que ahora importuno con veloz carrera le hurte deleite y dicha así golosa, con faz lo mira impía y desdeñosa. Lo reta, ya de cerca, a la batalla, que alzarlo del arzón ya se promete.
Cuando es tan cerca el ave de la tierra que ya no siente peligroso el salto, presto el arzón Rogelio desaferra y a aquel frondoso edén su pie da asalto; mas aún el puño con las riendas cierra, por que el bruto sin él no ascienda al alto.
Sacando luego unas cuerdas delgadas, pero resistentes, realizó con arte no menor dos operaciones: una, la de atarme las muñecas y los brazos a la espalda; otra, la de amarrar a un árbol mi montura. El extremo de la cuerda de mis manos lo anudó al arzón de su silla.
Si descubrir allí hubiese querido el escudo que fue del nigromante (hablo de aquel con que moría el sentido, aquel que en el arzón dejara Atlante), habría aquel tropel presto vencido y héchole caer ciego delante; mas hizo bien en despreciar tal maña, que quiso usar virtud y no artimaña.
Atienza empuña entonces una larga y negra espada antigua de ancha cazoleta y extensos gavilanes; cuelga de su canana una pistola de arzón; coge con la mano izquierda la vara de alcalde, ni más ni menos que haría con su bastón un mariscal de Francia y, seguido de un brillante Estado Mayor, compuesto del alguacil, del pregonero o peón público y del Infrascrito, que es como, muy ufana y orgullosa, llama su mujer al fiel de fechos, pasa revista a sus formidables huestes, que le presentan armas o tiran por alto monteras y sombreros.
Ya estaba ensillado mi caballo con las pistolas en el arzón, y a la grupa las vistosas y moriscas alforjas donde iba el viático para la jornada, cuando la Niña Chole reapareció en el patio.
Hurtando otra dio luego al segundo y aun al tercero tan fiera lanzada que, abriendo a ambos la espalda, de este mundo y del arzón sacó de una tacada: tan fuerte fue aquel golpe y tan rotundo, tan prieta cierra aquella torpe armada.