arrullo

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arrullo

1. s. m. Canto suave para adormecer a los niños los arrullos de la madre adormecieron al bebé.
2. Manera de hablar cariñosa con que se corteja a una persona me sedujo el arrullo de sus palabras.
3. Canto grave y monótono con que se enamoran las palomas y tórtolas. zureo

arrullo

 
m. Canto grave y monótono de las palomas y tórtolas.
fig.Cantarcillo para adormecer a los niños.

arrullo

(a'ruλo)
sustantivo masculino
1. canto de cortejo de las palomas y tórtolos arrullo de la paloma en celo
2. canción de cuna para dormir a un niño el arrullo de la madre al bebé
3. murmullo delicado que produce adormecimiento el arrullo del mar
4. ropa suave mantilla para cubrir a los recién nacidos Se lo trajeron envuelto en un delicado arrullo.
Sinónimos

arrullo

sustantivo masculino
2 zureo.
3 galanteo, arrumaco.
Arrullo y galanteo son muestras de afecto (palabras, caricias, etc.) para conseguir el amor de una persona; los arrumacos son demostraciones de amor y cariño en general.
Traducciones

arrullo

coo, lullaby

arrullo

SM (Orn) → cooing; [de amantes] → billing and cooing; [de agua, olas] → murmur; (= canción) → lullaby
Ejemplos ?
Sentados en sus sillitas, más parecen cebollitas. La china les hace arrullos como si fueran capullos. El chino piensa en hechizos que los convierta en sumisos.
Hay que advertir que, familiarizados con aquel ambiente, estábamos en el andamio como en un taller, y yo obsequiaba a aquel mundo de santos, vírgenes y ángeles inmóviles y empolvados por los siglos con las romanzas aprendidas en mis noches de “paraíso”, y tan pronto cantaba a la “celeste Aída”, como repetía los voluptuosos arrullos de Fausto en el jardín.
Entonces vislumbro a los hombres del Gobierno más allá de Alcolea, pidiendo, con arrullos y caricias, auxilio al pueblo para derrocar una situación «degradada y envilecida».
Próxima ya aquélla en que sale la luna, acercose a la reja de su antigua amada, que le esperaba todas las noches aunque no viniese nunca, y con arrullos y engaños la quiso persuadir de que necesitaba sus ojos como remedio prescrito para enfermedad de muerte.
Nuestra pequeña caravana era acompañada por los arrullos de las palomas silvestres, las voces atroces de los papagayos, los ronquidos de los filicoti, los chillidos de los monos, que se desgañitaban, huyendo rápidamente por las ramas más altas.
Veo más acá a esos mismos hombres temblar ante su propia hechura y, como la pastora de la fábula, mentir amores y caricias para limar los dientes al león. Pero el de la historia no es cándido, y responde a los golpes de la lima con arrullos de barricada.
He cantado la pureza de las fuentes naturales, la gentil delicadeza que en los blancos recentales expresó Naturaleza: la sonrisa matutina de los días abrileños, la disuelta purpurina con que tiñen la colina los crepúsculos risueños; los arrullos guturales y los ósculos caídos en las caras celestiales de los niñitos dormidos en los brazos maternales...
Corona un lascivo enjambre de cupidillos menores la choza; bien como abejas, hueco tronco de alcornoque. ¡Qué de nudos le está dando a un áspid la envidia torpe, contando de las palomas los arrullos gemidores!
No de otra suerte que en sereno día balas de nieve escupe y, de los senos de las nubes, relámpagos y truenos súbita tempestad en monte o prado, obligando que el tímido ganado atónito se esparza, ya dejando en la zarza de sus pungentes laberintos vana, la blanca, o negra lana (que alguna vez la lana ha de ser negra), y hasta que el Sol en arco verde alegra los campos, que reduce a sus colores, no vuelven a los prados ni a las flores, así los gatos iban alterados por corredores, puertas y terrados, con trágicos maúllos, no dando, como tórtolas, arrullos, y la mona, la mano en la almohada, la parte occidental descalabrada, y los húmidos polos circunstantes bañados de medio ámbar, como guantes.
los piececitos de la Duchesini, y que yo hubiese querido archivar y gozar pacíficamente, me la estropeaba el nervioso mancebo, que desde el aparecer de la diva se sentía atacado de una especie de epilepsia entusiasta. Tan hondos eran sus «¡bravos!», que me recordaban los arrullos de un encelado palomo, sonando así: «¡Broovoo!».
Ya de la nieve de las cumbres fluye el sonoro torrente; ya por las guijas murmurando huye la bullidora fuente; ya estallan flores y hojas de cada rama en los hinchados broches; ya canta el ruiseñor largas congojas en el silencio de las tibias noches; ya la brisa que enerva, pasa, engendrando en lánguidos arrullos, pintadas mariposas en la yerba, rosas en los capullos; ya con tiernos balidos llama el cordero a la paciente oveja; ya vienen a buscar junto a tu reja las golondrinas sus antiguos nidos; ya, en el cenit suspenso el sol, la lluvia de oro de luz derrama en el espacio inmenso.
Tejió del roble de la adusta sierra Y no del frágil mirto su corona; Que ni falerna vid ni ático olivo, Ni siciliana mies ornan sus campos, Ni allí rebosan las colmadas trojes, Ni rueda el mosto en el lagar hirviente; Pero hay bosques repuestos y sombríos, Misterioso rumor de ondas y vientos, Tajadas hoces, y tendidos valles Más que el heleno Tempe deleitosos, Y, cual baño de Náyades, la arena Que besa nuestro mar; y sus mugidos, Como de fiera en coso perseguida, Arrullos son a la gentil serrana, Amor de Roma, y espantable al vasco, Pobre y altiva, y como pobre hermosa.