arrugado

(redireccionado de arrugada)
También se encuentra en: Sinónimos.

arrugado, a

1. adj. Que tiene arrugas es un perro de piel arrugada.
2. Se refiere a la patata que se cuece al vapor de agua salada en Canarias se comen las papas arrugadas.
Traducciones

arrugado

pomačkaný, vrásčitý

arrugado

krøllet, rynket

arrugado

rypistynyt, ryppyinen

arrugado

froissé, ridé

arrugado

izgužvan, naboran

arrugado

しわの寄った, 折り目をつけた

arrugado

주름이 간, 주름진

arrugado

presset, rynkete

arrugado

skrynklig

arrugado

ซึ่งมีรอยย่น, ย่น

arrugado

bị nhăn, nhăn nheo

arrugado

ADJ [cara etc] → wrinkled, lined; [papel etc] → creased; [vestido] → crumpled, creased up

arrugado-a

a. wrinkled.
Ejemplos ?
Pero cuando el hombre aró la tierra, y poseyendo otros medios de existencia que la caza o el robo pudo vivir en relativa paz, acató la autoridad del patriarca: y entonces la majestad de la vejez, las luengas barbas de nieve, la frente arrugada y serena, ejercieron una influencia misteriosa, un poder religioso, superior al del brazo membrudo armado con el hacha de pedernal.
La ciudad se prende en una localidad áspera, arrugada con desigualdades profundas y está atalayada por los Cerros "Gordo" y "Calvario de la Cruz", así llamados tradicionalmente.
Doña Máxima lloraba cuando podía, a hurtadillas, de noche, en la iglesia, y cuando apoyaba la ya arrugada frente en los vidrios para mirar al mar, que con su voz pavorosa le murmuraba secretos.
En aquel tarjetero, que tenía tres o cuatro compartimentos, había seis o siete tarjetas de visita y una solitaria carta. Esta última estaba muy manchada y arrugada.
Curro comprendía todo esto, presentía algo que le llenaba el corazón de frío, y una tarde en que a solas con sus amarguras pensaba lleno de ira y sentimiento en el desvío de la hembra que tan mal le pagaba sus sacrificios: -¿Se puée pasar?-preguntó desde la puerta el señor Juan el Cachiporra, el cual, al oír la voz gutural y ronca del paciente dándole la solicitada venia, penetró en la estancia, con paso torpe y lentísimo, como si costárale ya trabajo arrastrar el peso de su piel arrugada y de su ya caduca osamenta...
Lo primero que vio fue a un personaje muy pequeño, no más alto que un niño, que salía de debajo de una piedra; tenía una cabeza grande y una gran barba blanca que le caía hasta el suelo. Al poco rato le vino al encuentro una viejecita muy arrugada y que parecía tener más de cien años.
El cuitado, entre si rabio o lloro, guarda rifle y flechas bajo la estera del camastro calandrajiento donde dormía, por allá en el rincón más oscuro del tugurio. Toma en volandas el pedazo de pan negro, las dos papas y el plato de cuchuco, ya con nata arrugada por el frío, y...
Había envejecido más que sus hermanas; envejecer no es la palabra: se había marchitado sin cambiar, no había engordado, era esbelta como antes, ligera, felina, ondulante; bailaba, si había con quien, frenética, cada día más apasionada del vals, más correcta en sus pasos, más vaporosa, pero arrugada, seca, pálida; los años para ella habían sido como tempestades que dejaran huella en su rostro, en todo su cuerpo; se parecía a sí misma...
A miles parece que andaban los mamuts, como en pueblos, cuando los hielos se despeñaron sobre la tierra salvaje, hace miles de años; y como en pueblos andan ahora, defendiéndose de los tigres y de los cazadores por los bosques de Asia y de África; pero ya no son velludos, como los de Siberia, sino que apenas tienen pelos por los rincones de su piel blanda y arrugada, que da miedo de veras, por la mucha fealdad, cuando lo cierto es que con el elefante sucede como con las gentes del mundo, que porque tienen hermosura de cara y de cuerpo las cree uno de alma hermosa, sin ver que eso es como los jarrones finos, que no tienen nada dentro, y una vez pueden tener olores preciosos, y otras peste, y otras polvo.
Y otra cosa más graciosa, que si os informáis dellas, ninguna vieja hay en el infierno, porque la que está calva y sin muelas, arrugada y lagañosa de pura edad y de puro vieja, dice que el cabello se le cayó de una enfermedad, que los dientes y muelas se le cayeron de comer dulce, que está jibada de un golpe, y no confesará que son años si pensara remozar por confesarlo.
Algún tiempo después, envió la madre a sus hijas a recoger madera seca al bosque, vieron un árbol muy grande en el suelo, y una cosa que corría por entre la yerba alrededor del tronco, sin que se pudiera distinguir bien lo que era. Al acercarse distinguieron un pequeño enano, con la cara vieja; y arrugada y una barba blanca de una vara de largo.
Tendió los turbios ojos por doquiera sin concebir absorto tal portento, y balbuciente preguntó quién era quien moría en suplicio tan sangriento. Al saberlo, con mano arrepentida mesó iracundo su mejilla inerte, frente arrugada y calva encanecida.