Ejemplos ?
A pesar de sus aires evaporados (ésta era la palabra de las señoras de Yonville), Emma, sin embargo, no parecía contenta, y habitualmente conservaba en las comisuras de sus labios esa inmóvil contracción que arruga la cara de las solteronas y la de las ambiciosas venidas a menos.
El sepulturero fijó sus ojos a la órbita de la calavera, y no reconoció al hombrecillo moribundo. En el cutis, firme y terso, no había el menor rastro de arruga.
cualquier noche, cuando esté harto de tanta farsa e incoherencia, me iré. Una arruga se bifurcó en la frente de Hipólita. No cabía duda.
Tras él la lluvia que entraba por el ventanillo hacía un charco en el piso, las preguntas y respuestas se cruzaban en silencio, a momentos una arruga enfoscaba la frente del astrólogo, luego sus ojos inmóviles, en su rostro romboidal, asentían con un parpadeo lento a una contestación en acuerdo con sus deseos, y así permaneció hasta el amanecer, hora en que, levantándose del baúl, irónicamente les volvió la espalda a los cinco muñecos que permanecieron en la soledad del cuartujo, bamboleándose bajo la banderola, como cinco ahorcados.
Cuando el padre del sujeto se hallaba triste o preocupado surcaba su rostro una profunda arruga en el mismo lugar que luego ocupa la herida en el sueño.
¡Qué tristes las que brotan y bajan por la arruga, del hombre que está solo, del hijo que está ausente, del ser abandonado que llora y que no siente ni el beso de la cuna, ni el beso del placer!
Cuando el pájaro quiere volar abre las alas y se da contra las paredes del cráneo, se alzan los ojos al cielo, se arruga la frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando además, por remate, un cigarrillo de papel.
Ve que la flor tan sonrosada y pura cambiando su color mustia se vuelve al sentir de su mano la prensura. Y una arruga marcó su blanca frente al mirar transición tan repentina; y alguna idea se quemó en su mente...
Del corvo arado de roble la hundida reja trabaja con vano esfuerzo; parece que al par que hiende la entraña del campo y hace camino, se cierra otra vez la zanja. “Cuando el asesino labre será su labor pesada; antes que un surco en la tierra, tendrá una arruga en la cara”.
Así que esto oyó el tonto, echó a llorar de pronto, y el doctor, que el motivo no alcanzaba, le preguntó qué pena le apuraba. - ¡Ay!, respondió afligido, que el dolor me lo arruga.
¿Estarás loco con él? -le dije cierto día. La frente de mi amigo mostró el surco de una arruga. -Te diré... Convenido: es el servidor único, sublime...
Como aquellos sentimientos me parecían incompatibles con la necesidad de regañar a Mary Anne, fruncí las cejas. -¡Oh, qué arruga tan horrible en la frente, malo!