arrozal

(redireccionado de arrozales)

arrozal

s. m. AGRICULTURA Tierra sembrada de arroz.

arrozal

 
m. Tierra sembrada de arroz.

arrozal

(aro'θal)
sustantivo masculino
terreno donde se cultiva el arroz Trabajan todo el día en el arrozal.
Traducciones

arrozal

risaia

arrozal

水田

arrozal

SMrice field, paddy field
Ejemplos ?
Los altos dignatarios, las más discretas damas, la juventud sana, los sacerdotes de Buda, y hasta los más humildes laboreros dejaron aquel día sus arrozales y se dirigieron al palacio de Chin-Kau a darle el saludo.
Uno consistía en marcharme a los arrozales de Ambohidratrimo, otro -y éste me seducía muy particularmente- en cruzar oblicuamente la isla partiendo de Tananarivo para el puerto de Majunga y embarcarme allí para el archipiélago de las Comores.
Heme de retorno del Archipiélago que recorrí en la trirreme del orfebre de Los trofeos; de retorno de la Hélade a que guiome el marmóreo Leconte; del país de los arrozales y los yamenes que visité con Téophile, «mago perfecto de las Letras»; de la Thulé brumosa, poblada de ligeras sombras de almas, a do fui en el yatch ligero del sibilino Stéphane de la Herodiade; del Versalles diciochesco del galante satanida, nuestro padre Verlaine ...
Tras ellos habían pasado a manos extrañas inmensos trigales de Castilla, arrozales de Valencia, caseríos de las provincias del Norte, toda la hacienda principesca de los antiguos condes de Sagreda, a más de las herencias de varias tías solteronas y devotas y de los fuertes legados de otros parientes muertos de vejez en sus vetustos caserones.
Algunas velas escarlatas se doblaban sobre la llanura de agua; los peces voladores trazaban vertiginosas curvas; la ciudad había quedado atrás; entraron en el camino que conducía a los arrozales.
Si el adversario del chin-fú-tón era agricultor, veía quemados sus arrozales; si negociante, se veía desposeído de sus mercancías; si rico, de sus rentas; si sencillo transeúnte, de su libertad.
Así lo hizo. En un extremo del taller formó un gabinete minúsculo, con biombos cubiertos de arrozales y de grullas. Predominaba la nota amarilla.
Apropióse de la hacienda común el que antes no tenía un junco, compró arrozales, adquirió casa, hubo servidumbre; derrochó entre los suyos los bienes de los demás y las contribuciones de los de Siké pasaron a ser cuentas corrientes en los bancos; vendió en ventas deshonestas muchas propiedades del Estado; encarceló a los vasallos, violentó la leyes, ultrajó la libertad, quemó, saqueó, extorsionó, no hubo institución ni persona que no tuviera que reprocharle algún manejo innoble.
Allí las almas no se cansaban nunca. El paraíso de los chinos tenía campos fecundos, arrozales verdes, paisajes azules. Mahoma ofrecía festines, música, mujeres.
Sus vidas terminaron en lugares llamados Belleau Woods, el Argonne, Ommaha Beach, Salerno y a otro lado del mundo en Guadalcanal, Tarawa, Pork Chop Hill, la reserva Chosin y un centenar de arrozales y junglas de un lugar llamado Vietnam.
uando Chin-Fú quedó divorciado, realizó todos los arrozales que constituyeran su heredad y decidió viajar, en compañía de un leal servidor, por todas las aldeas de la China, presa de una cruel neurastenia.
Tembloroso, sólo pudo contestar entrecortadamente: –Por los arrozales sagrados de Kay-Pen, por las sabias máximas de Confucio, por los crepúsculos rosados de Hayty, por todos los cerezos en flor de los Siete cielos, por los colmillos del elefante gordo de Buda, oh, ¿cómo puedes concebir, gran general y padre y jefe mío, que yo pueda conspirar contra la estabilidad del magnánimo y sabio Chin-Kau, a quien le acabo de pedir un puesto para uno de los míos?