arrogancia


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arrogancia

1. s. f. Actitud soberbia del que se cree superior y menosprecia a los demás dirigió una mirada cargada de arrogancia a los presentes. elación, orgullo
2. Actitud de la persona valiente o airosa. valentía

arrogancia

 
f. Calidad de arrogante.

arrogancia

(aroˈγanθja)
sustantivo femenino
actitud de la persona que se siente superior a los demás la arrogancia del director de cine
Sinónimos

arrogancia

sustantivo femenino
3 valor, bizarría, brío, valentía*.
La arrogancia alude más bien al gesto, al porte y a la palabra; puede haber arrogancia en uno que carece de valor verdadero.
Traducciones

arrogancia

arrogance, pride

arrogancia

Übermut

arrogancia

arrogance

arrogancia

arrogantie

arrogancia

arrogância

arrogancia

arogance

arrogancia

arrogance

arrogancia

오만

arrogancia

arrogans

arrogancia

SF (= altanería) → arrogance, haughtiness; (= orgullo) → pride
Ejemplos ?
La secretaria se pone en pie al darse cuenta de la proximidad del ex-tímido y con amabilidad, unas horas antes arrogancia, le dice: -¡Ah!
“Ah, cededme”, así yo hostigaba, “a Camerio a mí, malísimas chicas.” Una dice, un seno sacando: “Helo aquí, de rosa en mis pezones se esconde.” Pero a ti ya soportarte de Hércules una labor es: con tan gran arrogancia a ti te niegas, amigo.
embarcado leí en el Currier de Londres un artículo que fue para mí decisivo de la determinación del citado gobierno a cortar la tan impolítica cuestión que había suscitado la ciega codicia y arrogancia de los Norteamericanos apropiándose la alhaja.
Y es por eso que alzo llena de arrogancia la colpa de mi alma que es toda fragancia, y frente a la Vida, frente a la tristeza, brindo por la hora triunfal de belleza, en la que nos llega el dolor de amar, y el noble dolor, de unas infinitas ansias de volar, con el alma toda convertida en flor...
Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista, y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa...
Tú que posees atributos físicos, valóralos; y sé consciente de que no son lo más importante por ser perecederos; lo permanente será el cultivo de tus virtudes. Busca que tu belleza sea siempre acompañada por la gracia, mas no por la arrogancia ni la frivolidad.
Quien quier que fuesen, eran de España; y era claro que son su mutuo amparo y su único sostén. Traía yo unos duros, y no creí arrogancia querer hacer en Francia a un español un bien.
Ella allana inconvenientes, vence dificultades, y es un medio que siempre a gloriosos fines nos conduce; de los enemigos hace amigos, templa la cólera de los airados y menoscaba la arrogancia de los soberbios; es madre de la modestia y hermana de la templanza; en fin, con ella no pueden atravesar triunfo que les sea de provecho los vicios, porque en su blandura y mansedumbre se embotan y despuntan las flechas de los pecados.
volved en vos; y aquel que un día amor de patria, aquéllas os animen con que humillasteis la arrogancia ibera, virtud sublime, austera, y ardiente sed de fama, y fe de limpio brillo; una es la senda a que la Patria os llama, uno el intento sea, uno el caudillo.
Tuviéron luego muchos amigos asi estudiantes Españoles, de los muchos que en aquella universidad cursaban, como de los mismos de la ciudad, y de los extrangeros: mostrábanse con todos liberales, y comedidos, y muy agenos de la arrogancia que dicen que suelen tener los Españoles; y, como eran mozos y alegres, no se disgustaban de tener noticia de las hermosas de la ciudad; y, aunque habia muchas señoras doncellas, y casadas con gran fama de ser honestas y hermosas, á todas se aventajaba la señora Cornelia Bentibolli, de la antigua y generosa familia de los Bentibollis, que un tiempo fuéron señores de Bolonia.
Es un braceo hercúleo contra los obstáculos que le alza al paso su propia naturaleza y los que amontonan las ideas convencionales de que es, en hora menguada, y por impío consejo, y arrogancia culpable, –alimentada.
¿Quién hay de tan soberbia y desenfrenada arrogancia que en esta inevitable necesidad de la naturaleza (que produjo todas las cosas a un mismo fin) pretenda que él y los suyos hayan de ser exentos, queriendo libertar alguna casa de la ruina que amenaza a todo el orbe?