arpón


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arpón

(Del fr. harpon < harpe, garra.)
1. s. m. PESCA Instrumento de pesca formado por un asta armada por uno de sus extremos con una punta de hierro o acero con gancho para poder hacer presa.
2. CARPINTERÍA, CONSTRUCCIÓN Grapa metálica para unir o sujetar tablas u otras cosas.

arpón

 
m. Astil de madera armado con una punta de hierro para herir y otras dos para hacer presa.

arpón

(aɾ'pon)
sustantivo masculino
utensilio que consiste en una vara de madera o hierro con un extremo en punta de hierro El arpón se usa para cazar ballenas.
Sinónimos

arpón

sustantivo masculino
tridente (Andalucía y Murcia), fisga.
Ambos sinónimos son arpones de tres dientes.
Traducciones

arpón

harpun

arpón

Harpune

arpón

harpoon, gaff

arpón

harppuuna

arpón

harpon

arpón

arpón

작살

arpón

harpoen

arpón

harpun

arpón

harpun

arpón

arpão

arpón

harpúna

arpón

harpun

arpón

魚叉, 鱼叉

arpón

魚叉

arpón

Harpuna

arpón

ฉมวก

arpón

SMharpoon
Ejemplos ?
dejaron. ¡Ah lucero! tú perdiste También tu puro fulgor, Y lloraste; También como yo sufriste, Y el crudo arpón del dolor ¡Ay! probaste.
Mientras el criado fue a cumplir, o con su gusto, o con la fuerza que en su pecho hacía la dorada saeta con que amor le había herido dulcemente (que este tirano enemigo de nuestro sosiego tiene unos repentinos accidentes, que si no matan, privan de juicio a los heridos de su dorado arpón) estaba don Gaspar entre sí haciendo muchos discursos.
En primer lugar, yo, que he tenido el talento de conducirte a la trampa en que has caído, yo me he apoderado de tu oro, recibido en diez remesas; y Bepo, Estéfano, Bambino y Testa di Fuoco, caídos como llovidos del cielo, han echado el arpón al Luiggi, nuestro bueno y velero Luiggi, con el que batirán las aguas del Pacífico dando tantos zabullones a los pasajeros incautos, que muy luego llenarán sus áreas.
Miguel, con ayuda del bichero, atrajo hacia sí la cuerda atada al arpón y comenzó a tirar de ella, enrollándola en el fondo del bote, mas como extremidad sumergida tardase en aparecer recordó que estas cuerdas, que los pescadores de ballenas llaman “línea”, tienen una longitud superior a trescientos metros.
Uno tiene más verde, y es como una selva de recreo, con su casa sueca de pino, llenas de flores las ventanas, a la orilla de un lago; y la isba de puerta bordada y techo de picos en que vive el labrador ruso; y la casa linda de madera, con ventanas de triángulo, en que pasa los meses de nevada el finlandés, enseñando a sus hijos a pintar y a pensar, a amar a los poetas de Finlandia, y a componer el arpón de la pesca y el trineo de la cacería, mientras talla el abuelo el granito como ópalo, o saca botes y figuras de una rama seca, y las mujeres de gorro alto y delantal tejen su encaje fino, junto a la chimenea de madera labrada.
Pero en tal caso, acordaos que hay un Supremo severísimo juez, a quien tarde o temprano habéis de dar cuenta de vuestras operaciones, y de sus resultas y reatos espantosos, de que os hacemos responsables desde ahora para cuando el arpón de crueles remordimientos clavados en medio de una conciencia despejada de preocupaciones, no deja lugar más que a vanos e inútiles arrepentimientos.
En ellos corre Sangre de Bonifaz el de Sevilla, Del fiero vencedor de la Rochela, Del que trazó primero en breve carta La soledad de los indianos mares, Y en sus bosques logró gigante tumba, Al impulso de arpón enherbolado.
Mientras la sirenita cantaba, los atunes subían de las profundidades para oíra, y el joven Pescador lanzaba sus redes al mar y los atrapaba, o bien traspasaba con su arpón a los más grandes.
Esas tardes pasaban en cardumen los atunes con sus aletas purpúreas y sus ojos de oro elástico, sin que el pescador se diera cuenta. Esas tardes el arpón descansaba ocioso a su lado, y los cestos de mimbre quedaban vacíos.
No siento, no, que pasaras mi corazón varonil, ni que del alado arpón que vibra tu aljaba vil el sutil oro, de mi sangre esmalte el carmín, Ni que pudiese tu engaño a mi altivez persuadir que consistía el vencer en dejarse antes rendir; que el servil, fuera sin celos estado feliz.
Torna contra él su arpón, contemplado en la muerte de Medusa, el Acrisioníada, y lo entra en su pecho; mas él, 70 ya muriendo, con ojos que nadaban bajo una noche negra alrededor buscó a Atis, y se inclinó hacia él, y se llevó a los manes los consuelos de su unida muerte.
Entre las ramas del que más se lava En el arroyo, mirto levantado, Carcaj de cristal hizo, si no aljaba, Su blanco pecho de un arpón dorado.