aroma


También se encuentra en: Sinónimos.

aroma

(Del lat. aroma < gr. aroma.)
1. s. m. Fragancia, perfume, olor muy agradable del jardín le llegaban aromas primaverales. peste
2. s. f. BOTÁNICA Flor del aromo, dorada, redonda, vellosa y de olor muy fragante.

aroma

 
f. Flor del aromo.
m. Olor muy agradable.

aroma

(aˈɾoma)
sustantivo masculino
olor muy agradable Me despertó el aroma del café.
Sinónimos

aroma

sustantivo masculino
1 perfume, fragancia, esencia.
Sensación de buen olor.
2 esencia, bálsamo, perfume, buqué.
Cosa que produce o contiene aroma; buqué se dice del aroma del vino.

aroma:

oloresencia, emanación, fragancia, efluvio, perfume,
Traducciones

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

Aroma, Duft

aroma

aromo

aroma

arôme

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

aroma

güzel koku, koku

aroma

aróma

aroma

aromi

aroma

aroma

aroma

芳香

aroma

방향

aroma

aroma

aroma

aromat

aroma

arom

aroma

กลิ่นหอม

aroma

hương thơm

aroma

芳香

aroma

аромат

aroma

SM (= perfume) → aroma, scent; [de vino] → bouquet

a·ro·ma

m. aroma, pleasant smell.
Ejemplos ?
Ser enterrada sin que llegaran hasta ella los rayos del sol, las caricias del viento, el aroma de las flores, el cantar de los pájaros y, sobre todo, no ver a su José, no verse retratada en sus ojos, en aquellos ojos suyos tan dulces, tan habladores, tan llenos de caricias; no oír su voz, aquella tan musical con que tantas veces la arrobaba desde la primera vez que, bajo la vigilancia materna, entablara con él el primer diálogo de amor, aquél que con él mantuviera en una noche de luna en la puerta de su vivienda, diálogo que cien veces le había repetido y le repetía su pensamiento en sus horas de amantísimas abstracciones.
Mira cómo brilla el sol, y cómo desfilan las nubes. ¿No respiras el aroma de las flores y zarzas? ¿Por qué lloras, pues, viejo sauce?
Era tan bien educado y tan guapo como pueda serlo un niño, y tenía alas que le llegaban desde los hombros hasta los pies. ¡Oh, y qué aroma exhalaban sus habitaciones, y qué claras y hermosas eran las paredes!
Al poco rato se presentaron los hijos y los nietos; todos sabían muy bien que eran las bodas de oro; ya los habían felicitado, pero los viejos se habían olvidado, mientras se acordaban muy bien de lo ocurrido tantos años antes. El saúco exhalaba un intenso aroma, y el sol, cerca ya de la puerta, daba a la cara de los abuelos.
Todos reconocen cuán magníficos son los hayedos de Dinamarca, pero en la mente de Antón se levantaba más magnífico todavía el bosque de hayas de Wartburg; más poderosos y venerables le parecían los viejos robles que rodeaban el altivo castillo medieval, con las plantas trepadoras colgantes de los sillares; más dulcemente olían las flores de sus manzanos que las de los manzanos daneses; percibía bien distintamente su aroma.
Durante ese resplandor, las flores que no tenían en su interior luciérnagas, se desprendieron de la tierra y comenzaron a bailar; sus capullos semejaban hermosas faldas multicolores que al dar vueltas despedían un agradabilísimo y exquisito aroma.
Se encontró en el cielo, junto al ser amado. Y los jazmines abrieron sus blancas flores y esparcieron su maravilloso aroma característico; era su modo de llorar a la muerta.
Iban cogidos de la mano, como los abuelos hicieron de pequeños, pero no se encaminaron a la Torre Redonda ni al jardín de Frederiksberg, sino que la muchacha sujetó al niño por la cintura y se echaron a volar por toda Dinamarca; y llegó la primavera, y luego el verano, el tiempo de la cosecha y, finalmente, el invierno; y miles de imágenes se pintaban en los ojos y el corazón del niño, mientras la muchachita cantaba: -¡Jamás olvidarás esto! En todo el curso del vuelo, el saúco estuvo exhalando su aroma suave y delicioso.
Entre los labios la palabra muere de pereza, y al sol el nardo adquiere un acre olor a sexo femenino. Arde el jardín en la estival hoguera y en su gran pebetero se consume todo el aroma de la Primavera.
La muchacha reclinaba la cabeza sobre la maceta, y el elfo de la rosa solía encontrarla allí dormida; entonces se deslizaba en su oído y le contaba de aquel anochecer en la glorieta, del aroma de la flor y del amor de los elfos; ella soñaba dulcemente.
si en un esceso De humor fatal con tan oscura tinta Pude contarte tan atroz suceso; No siempre alegre nuestra pluma pinta De ciego amor el voluptuoso halago, El bullicio del circo y los festines, De blancos sueños el tumulto vago Y el aroma del templo y los jardines.
Ese obelisco que se alza sobre su enramada oscura, la gloria y la desventura divinizando a la par: ese silencioso Tíboli que a su enverjado se asoma a derramar el aroma de su abundoso azahar: y ese purísimo cielo tras cuyo azul cortinaje alumbra este paisaje tu lámpara colosal, me hacen, ¡oh luna!, tan bello en estas noches el prado, como el jardín encantado de una leyenda oriental.