Ejemplos ?
-—Por mí— contestó el padrino,— póngale usted Tigre. —No puede ser— arguyó secamente el párroco. —Pues entonces, póngale usted Búfalo o Rinoceronte.
–Y yo creo que así que ella le conozca a usted, pues... ¡la cosa es clara! –No tan clara –arguyó don Fermín–. Los caminos de la Providencia son misteriosos siempre...
Dígnese sacar del infierno a mi hermano. -Mire, mujer -arguyó el doctoral, subyugado ya por aquella voz enérgica- yo no sirvo para eso de convencer a nadie.
-Pero usted es soltero, don Zósimo -arguyó el presidente del club, dándole en el hombro la clásica palmada de la confianza española-.
soles 18.70. –Pero si no era de roble –arguyó Unzueta– Era de sauce... –Es cierto –repuso la firma comercial Rueda e hijos – es cierto; pero entonces ponga Ud.
El rey arguyó: Si el culpable no eres tú, ¿por qué respondes siempre con un aluvión de palabras, declarándote inocente, y desmintiendo a los demás?
Una tarde hallábanse empeñados en una partida el Inca Manco y Gómez Pérez teniendo por mirones a Diego Méndez y a tres caciques Manco hizo una jugada de enroque no consentida por las practicas del juego, y Gómez Pérez le arguyó: –Es tarde para ese enroque, señor fullero.
Te agradezco tan noble cortesía; mas no me es reposar aún preciso, y creo que aún le falta tanto al día que el darlo al ocio tengo a mal aviso.» «Oh, si saciase yo, cual tu porfía, mi corazón con cuanto quiere y quiso; mas quizás --le arguyó-- el sol no veas con más antelación de la que creas.» Y al punto hizo dos lanzas traer aprisa, tan grandes como palo ambas de nave; la suya antes tomar dejó a Marfisa, tomó él la otra que al partir le cabe.
Pero procuraré que así te avenga y tengas al morir este contento, aunque temo que sólo al fin se obtenga de un más largo morir mayor tormento.-- --Cuando diez ante mí armados tenga, tal será mi coraje y ardimiento--, él arguyó --que, a todos dando muerte, espero sortear mi cruda suerte.-- »No dio Alejandra a aquello por respuesta más que un sospiro solo, y salió fuera, llevándose al partir de la ballesta de amor clavado el dardo adonde fuera.
Así que dijo: «Con nosotros vente, y a fuerza escaparemos de esta tierra.» «Esperas --dijo él-- inútilmente salir, pierdas o ganes nuestra guerra.» «Nunca --ella arguyó-- mi ánimo siente miedo en dar fin cuando a acabar se aferra; ni sé otra senda más franca y trillada, que aquella en que me guío por la espada.
a buitre y lobo, y la ciudad al fuego.» Replicóle Guitón: «Estoy dispuesto a seguirte y morir valientemente, mas no pienses quedar viva tras esto: será un poco vengarnos suficiente; pues son diez mil aquellas que a aquel puesto van, mientras otra tanta de su gente guardando muros, puerto y bastión queda sin dejar vía por que huir se pueda.» «Por más --Marfisa dijo-- que me abones que son más que hombres Jerjes conducía, o más que almas soberbias a montones cayeron desde cielo en rebeldía; si estás conmigo, o al menos no te opones, quiero matarlas todas en un día.» «Sólo --arguyó Guitón-- un medio encuentro que permita que huyamos de aquí dentro.
Por eso replicó: –Jesús sabe revelar esos secretos a los que tienen el alma llena de santidad. –Y también a los idiotas –arguyó Ergueta clavando en él una mirada burlona, a medida que guiñaba el párpado izquierdo–.