arequipeño

Traducciones

arequipeño

/a
A. ADJof/from Arequipa
B. SM/Fnative/inhabitant of Arequipa
los arequipeñosthe people of Arequipa
Ejemplos ?
Al llegar a la Portada, el joven, arequipeño se despidió para entrar al Ingenio que se hallaba en una hondonada a la derecha del camino.
-El ángel que hizo allá su morada, extiende todavía sobre ella su ala protectora -respondió con acento fervoroso el joven arequipeño.
El virrey del Perú encomendó entonces al arequipeño don José Manuel de Goyeneche la pacificación del territorio suble- vado; y el brigadier de los reales ejércitos, después de derrotar á los patriotas en la recia batalla de Guaqui, se dirigió sobre Cochachamba, donde nuevamente fueron vencidos los insur- gentes en la sangrienta acción de Viluma, quedando la ciu- dad á merced del vencedor, quien no anduvo parco en castigos y estorsiones.
El ilustrísimo tendría probablemente noticia de que el pueblo arequipeño es muy generoso, cuando se trata del óbolo de San Pedro o de aliviar la evangélica pobreza de los ministros del altar, y en consecuencia enderezó camino hacia la que por entonces ya empezaba a llamarse ciudad del Misti.
El Niño que María llevaba en brazos no ostentaba menos lujo. La corona, obsequio del pueblo arequipeño, era de oro y piedras, así como un bastoncito regalo del virrey conde de Lemos.
El brigadier arequipeño don Juan Ruiz de Somocurcio que, como subjefe del mariscal Valdés, capituló en Ayacucho, debió ser soldado de mucho ñeque, cuando, a pesar de su condición de americano, llegó a investir tan alta clase militar en diez y siete años de carrera, principiada, como cadete, en 1806.
Por conclusión queremos apuntar también la idea de que sería muy digno del Cabildo de Lima levantar un monumento o estatua al fundador de la ciudad, como la que se encuentra en Trujillo de Extremadura, poniendo como inscripción estos versos que el poeta arequipeño Trinidad Fernández tradujo del inglés en 1875: «Pizarro vivió aquí.
El doctor Valdivia, dotado de una felicísima memoria, ha querido sólo dar á sus recuerdos la forma del libro, y defender al pueblo arequipeño de atrabiliarios é injustos calificativos.
La aspereza de su genio le conquistó el desafecto del clero arequipeño, y desengañado y cansado de luchar sin fruto, hizo fray Miguel en 1786 formal renuncia del obispado.
La vista del monte sagrado, esa vista que estremece de alegría a todo arequipeño, hízome estremecer de extraño terror; y mis ojos, anhelantes, lo interrogaban, y el alma contristada creía ver en sus sombras siniestros augurios.
Aunque Antesana estaba convencido de la total insuficien- cia de elementos bélicos para resistir, con probabilidades de éxito, á las bien disciplinadas y engreídas tropas del brigadier arequipeño, y opinaba por una retirada hasta reunirse con fuer- zas argentinas, tuvo que inclinarse ante el entusiasmo del pue- blo, decidido á esperar á los españoles en posiciones que es- timaban ventajosas á pocas millas de la ciudad.
«¡Ca...rámbano!» (se entiende, sin dirigirse a Somocurcio, que era su segundo y a quien estimaba muy cordialmente), el arequipeño lo interrumpía diciendo con brío: «¡Nubes y lluvia, mi general» Valdés desarrugaba el ceño, tendía la mano a Somocurcio, y contestaba: -Vamos, don Juan, que siempre ha de tener usted a mano el chaparrón para apagar la candela.