arenga


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arenga

(Probablemente del gótico *harihrings, reunión del ejército < harjis, ejército hrings, círculo, reunión.)
1. s. f. Discurso solemne destinado a enardecer los ánimos de los oyentes el general pronunció una arenga antes del combate.
2. coloquial Discurso largo e impertinente no soportó por más tiempo su arenga y salió de la sala.

arenga

 
f. Discurso solemne y enardecedor.
fig.Razonamiento largo e impertinente.

arenga

(a'ɾeŋga)
sustantivo femenino
proclama imponente ante una multitud para encender el ánimo arenga militar
Sinónimos

arenga

sustantivo femenino
alocución, discurso, oración, peroración, razonamiento*, argumentación, prédica, soflama*, perorata, proclama*.
Soflama y perorata son expresiones despectivas.
Traducciones

arenga

SF
1. (= discurso) → harangue, sermon
2. (Chile) (= discusión) → argument, quarrel
Ejemplos ?
Temo que el impetuoso Héctor cumpla la amenaza que me hizo en su arenga a los teucros: Que no regresaría a Ilión antes de pegar fuego a las naves y matar a los aqueos.
Yo le aseguro, señor Aguirre, con la mano puesta sobre mi pecho de sacerdote, que la jerarquía no calló en este caso, aunque no se oyera su voz en la tribuna clamorosa de la prensa o de la arenga política.
A la defensa, pues, que apenas puede contener desde abajo al oponente, gente de refresco la sucede en el segundo terraplén pendiente, que armada con saeta y lanza agrede a aquel descomunal grupo de gente, el cual no fuera tan copioso y lleno, si no siguiese al sucesor de Ulieno; que arenga unos aquí, a otros reprende forzándoles a entrar la forzaleza, y a aquel que, porque vuelve el rostro, entiende que huye, le abre el pecho o la cabeza.
Y tú, perverso y arrogante secuaz de Aminias, nos arrebatas las leyes que rigen la ciudad y, como dueño absoluto, ni siquiera disculpas tu usurpación con un pretexto o con una elegante arenga.
Desde el orleanista Thiers, quien advierte a la Asamblea Nacional que la república es lo que menos los separa, hasta el legitimista Berryer, que el 2 de diciembre d 1851, ceñido con la banda tricolor, arenga como tribuno, en nombre de la república, al pueblo congregado delante del edificio de la alcaldía del décimo arrondissement .
El conde de Nieva no dejó continuar su arenga al emisario; pues, montando en ira, le interrumpió: -Entienda, señor capitán, que aquí no hay más excelencia que yo, y que el sandio del marqués tiene que adueñarse desde hoy, si le place, del tratamiento de señoría.
El Restaurador contestó a la arenga, rinforzando sobre el mismo tema y concluyó la ceremonia con los correspondientes vivas y vociferaciones de los espectadores y actores.
Y mientras guarde conmigo este místico amuleto, de mi fe será en secreto el indestructible imán: la enseña de mi fortuna, el iris de mi esperanza, de mi cierta venturanza el seguro talismán.» Nada entendió Federico de esta arenga inesperada, sin duda no entendió nada, pero con asombro vió que en vez de volver Genaro a su acceso de locura, con mano firme y segura su mazo y cincel asió.
El buen patricio, no vale mentir, se había aprendido su discurso de memoria: era sobre poco más o menos y tal como la habían publicado los periódicos, la oración fúnebre de cierto correligionario, mucho más ilustre que yo, pronunciada por un orador célebre de nuestro partido. Pero al buen Gómez se le había olvidado más de la mitad, mucho más, de la arenga prendida con alfileres, y allí eran los apuros.
Una especie de tití con largos bigotes de estopa, ayudado por un monigote algo carcomido y renqueando, sube sobre un guardacantón y hace que protesta contra el intruso y que arenga a los grupos, y los señala con el dedo, y después, a sí mismo, y después, a la casona, y después, a la otra casa.
Pasmados quedaron mis amos de haber oído la arenga de la huéspeda y de ver cómo les leía la historia de sus vidas; pero, como vieron que no tenían de quién sacar dinero si della no, porfiaban en llevarla a la cárcel.
Sólo una vez es entregada la virgen al esposo; sólo al esposo pertenece ya tu vida, divina Utara.» Juntando las manos en forma de copa, como se hace ante el altar, Utara reverenció la arenga del rey, y escoltada por otras doncellas se dirigió a la cámara donde ya esperaba Aryuna, sentado en el lecho de marfil que revestían densas pieles.