ardor

(redireccionado de ardores)
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ardor

1. s. m. Sensación de calor muy intensa le abrumaban los ardores del verano. ardentía
2. Sentimiento experimentado al exaltarse o encenderse afectos y pasiones los ardores del joven se escapaban por su mirada.
3. Entusiasmo y viveza en el obrar se expresa con gran vehemencia y con mucho ardor. calor frialdad
4. Resplandor, brillo intenso.
5. ardor de estómago Acidez de estómago.
6. en el ardor de loc. adv. En el punto más intenso y vivo de una acción abandonó la conversación en el ardor de la disputa.

ardor

 
m. Calor grande.
fig.Brillo, resplandor.
fig.Viveza, eficacia, intrepidez.
fig.Ansia, anhelo.
fig.Ardimiento.
fig.Deseo.

ardor

(aɾˈðoɾ)
sustantivo masculino
1. calor intenso el ardor de las llamas
2. sensación de calor en el cuerpo el ardor de una herida
ardor producido por exceso de ácido en el estómago La leche calma el ardor de estómago.
3. exaltación de los afectos y las pasiones el ardor juvenil
4. frialdad energía y fuerza en las acciones y las palabras Se expresa con ardor.
Traducciones

ardor

ardeur

ardor

Brennen

ardor

branden

ardor

حرق

ardor

燃烧

ardor

燃燒

ardor

SM
1. (= calor) → heat
2. (Med) ardor de estómagoheartburn
3. (= fervor) → ardour, ardor (EEUU), eagerness; (= bizarría) → courage, dash; [de argumento] → heat, warmth
en el ardor de la batallain the heat of battle

ar·dor

m. ardor, burning feeling;
___ en el estómagoheartburn.

ardor

m (sensación) burning, burning sensation; Siento ardor en los pies.. I feel burning in my feet.
Ejemplos ?
Con la mano enciende el agua, sin valerse de su vista, que eran ociosos los rayos donde la nieve encendía. Yo, pues, en tantos ardores la llama busqué enemiga, porque en riesgos tan hermosos aun son los peligros dichas.
La jornada del día siguiente era espantosa, y las que seguían eran más intolerables todavía por la impaciencia que tenía Emma de recobrar su felicidad, codicia áspera, inflamada de imágenes conocidas, y que, al séptimo día, resplandecía sin trabas en las caricias de León. Los ardores de éste se ocultaban bajo expansiones de asombro y de reconocimiento.
Se entusiasmó por las cadenas hidroeléctricas Pulvermacher(1); él mismo llevaba una, y por la noche, cuando se quitaba su chaleco de franela, la señora Homais quedaba totalmente deslumbrada ante la dorada espiral bajo la cual desaparecía su marido y sentía redoblar sus ardores por aquel hombre más amarrado que un escita y deslumbrante como un mago.
hubiera debido esperármelo, si no me hubiera fascinado con sus ardores de niño..., después he sido para él un juguete, una muñeca, que servía de pasatiempo a su ocio; la cogía y la dejaba, para divertirse, según el inconstante humor del momento.
Si con tan sólo los pensamientos que nos incendian de ensoñaciones se apaciguaran los sentimientos en sus ardores, los labios tristes sonreirían, los ojos húmedos se secarían, los brazos lánguidos se estrecharían los cuerpos áridos florecerían.
Le entraron ganas de correr a sus brazos para refugiarse en su fuerza, como en la encarnación del amor mismo, y de decirle, de gritarle: «Ráptame, llévame, marchemos! ¡Para ti, para ti!, todos mis ardores y todos mis sueños.» Cayó el telón.
Los rayos que al sol regazan allí sus ardores frustran, pues son luces que la ilustran y no incendios que la abrasan; las lluvia nunca propasan de un rocío que de prisa al terreno fertiliza y que equivale en su tanto de la aurora al tierno llanto, del alba a la bella risa.
Ay qué corazón marchito por mis locuras de flama que no ven tras las palabras sus calabozos de paja y en sus ardores de magia se quema en cualquier cerillo donde un flamazo sin ruido lo vuelve escombro vacío.
Los rayos que al sol repasan allí sus ardores frustran, pues son luces que la ilustran y no incendios que la abrasan; las lluvias nunca propasan de un rocío que de prisa al terreno fertiliza, y que equivale en su tanto de la aurora al tierno llanto, del alba a la bella risa.
Había sonado para mí la hora en que se apagan los ardores de la sangre, y en que las pasiones del amor, del orgullo y de la cólera, las pasiones nobles y sagradas que animaron a los dioses antiguos, se hacen esclavas de la razón.
Largo tiempo á través de las fatigas Erré cruzando el arenal del mundo Yá por campo feráz rico de espigas, Ya por campo erial lleno de espinos, Ya por montaña estéril, Ya por valle fecundo Surcado por arroyos cristalinos, Del invierno arrostrando los furores Y espuesto del verano á los ardores.
Aquí todo el mundo se conoce y saluda; ni siquiera el estigma de la política ha logrado romper sus consistentes lazos de cohesión social, a pesar de apremiar siempre los momentos trascendentales de elecciones, Luego de las elementales identificaciones políticas sus disputas llevadas al campo electoral, no se han verificado rupturas definitivas, pronto se alivian los ardores del roce y retorna la integración y la familiaridad.