Ejemplos ?
¿Qué sucede, señorita? -preguntó Jorge. -Todo está ardiendo -respondió ella-. ¡Llamas y llamas! Jorge abrió la puerta de la habitación de la niña.
En aquel momento sopla el viento con una horrible impetuosidad: toman incremento las llamas, los truenos conmueven los cimientos de las habitaciones; los españoles que no han sido muertos, se levantan despavoridos, ven la sala de armas ardiendo, sus compañeros muertos o heridos; quieren tomar sus fusiles, y sólo tropiezan con cadáveres, se resbalan en la sangre de sus hermanos, y caen muertos por las flechas de los indios.
La menos terrible de sus visiones era el hijo hambriento, calado, enfangado, ardiendo en calentura, temblando de fiebre, sordo del estrépito del cañón, loco, aullando...
La llegada de los Cañaris a la Hoya de Zaruma, entre otras causas, obedeció al arrasamiento de la ciudad incásica de Tomebamba, llevada por Atahualpa allá por los años de 1529 a 1530, incendiando templos, pueblos y toda la ciudad, otrora espléndida y soberbia, hasta convertirla en un solo haz de llamas ardiendo en la "llanura grande como el cielo", dice Víctor Manuel Albornoz.
Duró tan poco tiempo aquella justa que en menos de una hora se decide; mas Norandín, que dilatarla gusta y hasta la noche que se alargue pide, despeja el campo y a la gente ajusta de modo que en dos grupos la divide; y así, según de sangre y brío den prueba, los empareja para justa nueva Había en tanto a casa hecho regreso Grifón ardiendo por la rabia e ira, que más de Martán mira el mal suceso que el propio honor de su victoria mira.
Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.
Brotó en su corazón sorda sospecha, y espoleando el honor sus presunciones, pronto entendió que el embozado acecha de su alcázar o puertas o balcones. Y a poco, seña misteriosa oyendo, por una reja le alcanzó trepando, y en ira a él encaminóse ardiendo.
Marcha hoy de vuestra parte el bien ardiendo, os siguen con cariño los reptiles de pestaña inmanente y, a dos pasos, a uno, la dirección del agua que corre a ver su límite antes que arda.
Desperté; pero con la misma idea fija aquí, entonces como ahora, semejante a un clavo ardiendo, diabólica, incontrastable, inspirada sin duda por el mismo Satanás...
Schiwen, celoso del culto que este rendía en el templo a que nos dirigimos al genio que te protege, reunió en su daño a los guerreros de Cutac y de Lahorre, que, ardiendo en sed de venganza contra su vencedor, se juntaron entre las sombras de la noche, para afilar las espadas que habían de herir a los predilectos de Vichenú.
Primero, una escalera honda, muy honda; después, estrechos pasadizos, vueltas y revueltas; por fin, una lámpara que debía estar ardiendo centenares de años, y tendido en una cama de mármol un tío muy grande, con la barba hasta el vientre, los ojos cerrados, una espada enorme sobre el pecho y en la cabeza una toalla arrollada con una media luna.
Unicornio de ausencia rompe en cristal su cuerno. La gran ciudad lejana está ardiendo, y un hombre va llorando tierras adentro. Al Norte hay una estrella.