ardid

(redireccionado de ardides)
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ardid

(Del cat. ardit, empresa guerrera < germ. *hardjan, endurecer.)
s. m. Medio o estratagema hábil e ingenioso que se utiliza para conseguir alguna cosa engañó a la guardia con un hábil ardid. treta

ardid

 
m. Artificio empleado para el logro de algún propósito.

ardid

(aɾ'ðid)
sustantivo masculino
artimaña usada para lograr algo Descubrieron el ardid de los estafadores.
Sinónimos

ardid

sustantivo masculino
engaño, red, jugada, trastada, mala pasada,, triquiñuela, artificio, maña, amaño, astucia, treta, añagaza, estratagema.
Con artificio, maña, amaño, astucia, treta, añagaza, estratagema, engaño y red se hace hincapié en la habilidad e ingenio con que se realizan las acciones; maña y amaño se emplean generalmente en plural; trastada, manejo y triquiñuela se usan para referirse a las acciones injustas y perjudiciales que realizan una o varias personas en daño de otras, principalmente para beneficiarse de ellas; red se usa generalmente con el verbo tender.
Traducciones

ardid

Trick

ardid

ruse, tour

ardid

ruse, trick

ardid

lest

ardid

bedrag

ardid

temppu

ardid

trik

ardid

策略

ardid

속임수

ardid

truc

ardid

triks

ardid

truque

ardid

trick

ardid

เล่ห์เหลี่ยม

ardid

dolap

ardid

trò bịp bợm

ardid

诡计

ardid

Русе

ardid

SMruse
ardidestricks, wiles
Ejemplos ?
Solo en la tierra con el chiquillo, Jácome le crió sabe Dios cómo; y ahora se le caía la baba viendo despuntar en Sendiño, a los seis años mal contados, otro cazador, otro merodeador, sin afición alguna al trabajo lento y metódico del labriego, fértil ya en ardides y tretas de salvaje para sorprender nidos y pajarillos nuevos, para descubrir dónde ponen las gallinas del prójimo y aun para engolosinarlas echándoles granos de maíz, hasta atraerlas a la boca del saco.
Hame parecido comenzar estas flores de corte, o ardides de vivir ilícitamente, por el juego, capitán y caudillo de todos los vicios, en el cual no hay alma honrada, ni hacienda que no se atropelle sin distinguir de buenos o malos sujetos, pues ninguno usa más de sus sentidos y potencias que lo que da lugar la buena o rnala fortuna del naipe, ni se difiere más la perniciosa falsa que lo que dura el tener dinero o de sacarle.
San Martín, por juiciosas razones que la historia consigna y aplaude, no quería deber la ocupación de Lima al éxito de una batalla, sino a los manejos y ardides de la política.
ARGUCIA Y ARDIDES DIPLOMATICOS, A UZANSA NAZI Como siempre el Perú, manifiesta ahora también su vieja táctica política: pleitea, huye de la discusión, alega, lanza la piedra y esconde la mano.
Ambos bandos veían en la lucha una cuestión de honra nacional y no economizaban oro ni influencias y ardides para alcanzar el triunfo.
Así habló. Alzóse en seguida el gran Ayante Telamonio y luego el ingenioso Odiseo, fecundo en ardides. Puesto el ceñidor, fueron a encontrarse en medio del circo y se cogieron con los robustos brazos como se enlazan las vigas que un ilustre artífice une, al construir alto palacio, para que resistan el embate de los vientos.
Por su mano se entretenía en afilar en los ratos de ocio las agudas saetas de su ballesta de marfil, él domaba los potros que había de montar su señora, él ejercitaba en los ardides de la caza a sus lebreles favoritos y amaestraba a sus halcones, a los cuales compraba en las ferias de Castila caperuzas rojas bordadas de oro.
Oculta la amistad como un delito, era más íntima aún: buscaban ardides para reunirse, y se contaban esas naderías que lisonjean a la gente joven: cómo se enfila una sarta de corales, lo bien que cantaba el malvís, sobre todo en las noches claras, estrelladas o lunares.
Por eso quería sorprender a la elegida por medio de uno de esos ardides inocentes, que a veces descubren, como a pesar suyo, el modo de ser auténtico de las personas.
Los unos tienen más de aparentes que de temerarios: arrímanse a señores, debajo de cuyo amparo hacen mil insultos y maldades; salen con ellos de noche, usan mil estratagemas y ardides para opinarse de valientes con el señor y echan amigos que los acuchillen y después huyen del rigor de sus espadas, con que se admira su dueño y confiesa que por Fulano tiene la vida y que es el más valiente y bizarro del mundo.
Pcro ella, cuya innata picardía fue excitada y exasperada con tan merecida afrenta, recurrió a su refinada astucia y a los ardides propios de su sexo.
Sus víctimas muchas veces son niños y mujeres jóvenes, y sus estratagemas son ingeniosas y despiadadas, creadas para engañar, coaccionar y ganar la confianza de las posibles víctimas. Con frecuencia estos ardides incluyen promesas de matrimonio, empleo, oportunidades de educación, o una vida mejor.