arcabucero

arcabucero

1. s. m. HISTORIA, MILITAR Soldado que estaba armado de arcabuz.
2. OFICIOS Y PROFESIONES Persona que fabricaba arcabuces.

arcabucero

 
m. Soldado armado de arcabuz.
Fabricante de arcabuces y de otras armas de fuego.
Traducciones

arcabucero

archibugiere

arcabucero

SMarquebusier, harquebusier
Ejemplos ?
Como Eustaquio iba a formar parte de la ronda gremial, y como no quería, al igual que el honrado maese Goubard, desempeñar su oficio con traje burgués y con una alabarda prestada, se compró una espada de cazoleta, pero sin cazoleta, una celada y una loriga de cobre rojo que parecía de calderero, y después de pasarse tres días limpiándolas y bruñéndolas consiguió darles el lustre que no tenían; pero cuando se puso todo ello y se paseó orgulloso por la tienda preguntando si tenía gracia para llevar la armadura, el arcabucero se echó a reír a mandíbula batiente y aseguró que parecía llevar puesta la batería de cocina.
El padrino que Eustaquio había tomado en el Pont Neuf pagándole un escudo, saludó al amigo del arcabucero y le preguntó si también tenía la intención de batirse; como el otro contestase que no, se cruzó de brazos con indiferencia y retrocedió para contemplar a los campeones.
Entre tanto, Eustaquio se había levantado con la ayuda de su testigo, y permanecía absorto ante lo que acababa de suceder; pero cuando pudo distinguir claramente al arcabucero tendido a sus pies, clavado al suelo con la espada como un sapo en un círculo mágico, echó a correr de tal modo que se dejó olvidado en la hierba su jubón de domingo, acuchillado y con franjas de seda.
Llegó entre tantos, acaso, Roldán, hijo de Sevilla, llamado el Arcabucero, mote puesto con justicia, pues lo era tan extremado que nunca erró puntería, clavando siempre las balas donde clavaba la vista.
El joven aprovechó ese momento para hablarle de su aventura, y después de contarle la disputa con el arcabucero, animado por el aire paternal del magistrado, confesó también el triste desenlace.
No le costó reconocer que había hecho el ridículo proponiéndole un duelo al arcabucero, él, que no sabía manejar más arma que la vara, con la que había jugado a menudo en sus tiempos de aprendiz en el campo de los Cartujos con sus amigos.
Pero, hacia las ocho y media vio aparecer a lo lejos el uniforme del arcabucero bajo la galería de los pórticos, como un soldado alemán de Rembrandt que brillara por el triple resplandor de su morrión, de su coraza y de su nariz; funesta aparición que se agrandaba y esclarecía rápidamente, y cuyo metálico paso parecía marcar cada minuto de la última hora del pañero.
Eustaquio examinaba al arcabucero cuando conseguía evitar la mirada de éste y decididamente le encontró fisicamente desproporcionado para lo que debe ser un sobrino.
¡Ay, José, dame tu brazo...!, y pensar que antes, cuando tenía doce años y tú diez, yo era la mayor y me llamabas mamá... ¡Y qué orgullosa voy del brazo de un arcabucero!
Al principio, ella sólo había visto en el arcabucero de Caballería al niño alegre y bullicioso, en otro tiempo compañero de juegos; pero no tardó en darse cuenta de que este niño había crecido, que había tomado otros rumbos y se tornó más reservada para con él.
Pero la celebración de la boda no cambió las costumbres del arcabucero, quien pensó que gracias a la tranquilidad de los villanos podría obtener un permiso para quedarse en París hasta la llegada de su Cuerpo.
– Aquí tienes a mi sobrino –dijo Javotte a Eustaquio, mirándole con sus grandes ojos azules y sonriendo satisfecha–. Ha conseguido un permiso para venir a nuestra boda, ¿qué bien, verdad? Es arcabucero de Caballería. ¡Oh!