Ejemplos ?
23 Furio, que ni siervo tienes ni arca, ni chinche ni araña ni fuego, pero tienes padre y también madrastra, cuyos dientes bien un pedernal comerse pueden: te va pulcramente a ti con tu padre y con el leño de esposa de tu padre.
Él tenía un arcaz viejo y cerrado con su llave, la cual traía atada con un agujeta del paletoque, y en viniendo el bodigo de la iglesia, por su mano era luego allí lanzado, y tornada a cerrar el arca.
24 Oh quien la florecilla eres de los Juvencios, no de éstos sólo, sino cuantos o fueron o a partir de ahora serán en otros años: preferiría que las riquezas de Midas hubieras dado a éste que ni siervo tiene ni arca, a que así te dejaras que él te ame.
—Te encuentras en el Bosque de los Moradores Bendecidos por la Eternidad; aquí viven en la paz todos los seres salvados por la Gran Arca de Utnapishtin, el iluminado asirio-caldeo; convertidos en las almas simples y virtuosas de vegetales y animales.
¿No es una bella persona?” Dirás. Lo es, pero el bello este ni siervo tiene ni arca. Esto tú cuanto quieras desdeña y atenúa: y ni siervo aun así él tiene, ni arca.
pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noé y la genealogía de sus ascendientes como acostumbraban hacerlo los antiguos historiadores españoles de América, que deben ser nuestros prototipos.
Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal, y tomo entre las manos y dientes un bodigo, y en dos credos le hice invisible, no se me olvidando el arca abierta; y comienzo a barrer la casa con mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar dende en adelante la triste vida.
Ella lleva secretos De las bocas humanas, Pues todos la besamos Y la sed nos apaga. Es un arca de besos De bocas ya cerradas, Es eterna cautiva, Del corazón hermana.
“En mí teníades bien que hacer, y no haríades poco si me remediásedes”, dije paso, que no me oyó; mas como no era tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el Spiritu Santo, le dije: “Tío, una llave de este arca he perdido, y temo mi señor me azote.
Fray Ambrosio tomó como empeño de honra el hospedarme, y fué preciso ceder al agasajo. Salió acompañándome y juntos atravesamos las calles de la ciudad leal, arca santa de la Causa.
Hízole un lazo a una punta; El arca arrastrando trajo Hasta ponerla debajo De donde la escarpia está, Y atando un extremo en ella, Y en su cuello el otro extremo, Maldijo don Juan su estrella, A morir resuelto ya.
Sin embargo, a pesar de la deplorable ruta, la ambición de los aventureros era descomunal y no daba lugar a divisionismos entre ellos. El arca del tesoro esotérico tenía que ser del ambicioso grupo.