arboleda


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arboleda

(Del lat. vulgar arboreta.)
s. f. Terreno poblado de árboles pasaron el día bajo la sombra de la arboleda.

arboleda

 
f. Sitio poblado de árboles, principalmente el sombrío y ameno.

arboleda

(aɾβo'leða)
sustantivo femenino
botánica área llena de árboles Les gustaba reunirse bajo la arboleda cerca del río.
Sinónimos

arboleda

sustantivo femenino
soto, bosque, alameda, arbolado.
La alameda es una arboleda de álamos, aunque por extensión puede referirse a un paseo con árboles de cualquier clase.
Traducciones

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

роща

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

格罗夫

arboleda

格羅夫

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

Grove

arboleda

SFgrove, coppice
Ejemplos ?
Quiero ser labrador de celajes, sembrador de los empíreos huertos, hacedor de las flores galaxiales, constructor de la arboleda cósmica y edificar con sus presencias equiláteras universos de portentos cuadrafónicos, portentosos universos de universos, cuatrocientas voces al silencio, cenzontles destructores de la inercia.
Se entra en este precioso pueblo por una arboleda de álamos blancos, que toman asiento entre verdes huertas, a la manera de nobles ancianos encanecidos, estimulando con su susurro a las plantas pequeñas y tiernas a crecer y fortalecerse, para resistir como ellos a los vendavales.
En los años 70 cuidaba en Madrid la impresión de un libro que contenta ciento ochenta poesías, entre suyas, de su Maestro Bastidas, de un jesuita innominado y de Domínguez Camargo, que recién logró editar en 1675, en la Imprenta de Nicolás Jamares, mercader de Libros, bajo el título de "Ramillete de varias Flores poéticas, recogidas y cultivadas en los primeros abriles de sus años por el Maestro Jacinto de Evia, natural de la ciudad de Guayaquil en el reino del Perú, dedicado al Lic. Pedro de Arboleda Salazar, con Licencia".
Flor de pluma que nos distrae cuando vamos de paseo, cantor misterioso que anima la arboleda, juego de la Naturaleza, que despierta, hasta en el más rudo, sentimientos de poesía, es ese bichito, que parece un regalo hecho por el Niño de Dios a los niños de los hombres.
Una plegaria, un solo acento tuyo, hará que gocen pasajero alivio, y que de luz celeste un rayo tibio logre a su oscura estancia penetrar; que el atormentador remordimiento una tregua a sus víctimas conceda, y del aire, y el agua, y la arboleda, oigan el apacible susurrar.
El camino era oscuro, y matorral, como antes. Membrillos empolvados y pinos enfermos eran la única arboleda. El suelo era, como antes, de pozos y pantanos.
Las calles eran de agua unas, y de tierra otras; y las plazas espaciosas y muchas; y los alrededores sembrados de una gran arboleda.
La gente alegre gritaba en los merenderos; pasaban por entre la arboleda, rápidos como pájaros de colores, los encorvados ciclistas con sus camisetas rayadas; por la parte del río sonaban cornetas, y sobre el follaje, enjambres de insectos ebrios de luz, moscardoneaban, brillando como chispas de oro.
En el follaje, por lo mismo que había poquísima arboleda por aquellos contornos, venía a guarecerse innumerable multitud de pajarillos de varias castas y linajes que animaban la esquiva soledad con sus trinos y gorjeos.
Sus pasos esparcieron el espanto En la agradable estancia; Interrúmpese el canto; Las aves vuelan a mayor distancia; Todos los animales, asustados, Huyen delante de él precipitados, Y el Filósofo queda Con un triste silencio en la arboleda.
«Rayos, les dice, ya que no de Leda trémulos hijos, sed de mi fortuna término luminoso.» Y recelando de invidïosa bárbara arboleda 65 interposición, cuando de vientos no conjuración alguna, cual haciendo el villano la fragosa montaña fácil llano, atento sigue aquella 70 (aun a pesar de las tinieblas bella, aun a pesar de las estrellas clara) piedra, indigna tïara, si tradición apócrifa no miente, de animal tenebroso, cuya frente 75 carro es brillante de nocturno día: tal, diligente, el paso el joven apresura, midiendo la espesura con igual pie que el raso, 80 fijo, a despecho de la niebla fría, en el carbunclo, Norte de su aguja, o el Austro brame, o la arboleda cruja.
"El rio tiene poca arboleda de sauces, y de ínfima calidad, inutil enteramente para edificios, y solamente buena para quemar: con estos, y los chañares se puede por algunos años abastecer de leña á una poblacion.