arado


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arado

(Del ant. aradro < lat. aratrum.)
1. s. m. AGRICULTURA Herramienta que, movida por fuerza animal o por un motor, se usa para arar la tierra el arado tradicional se ha sustituido por métodos mecánicos.
2. AGRICULTURA Reja, vuelta que se da a las tierras con el arado.

arado

 
m. Instrumento de agricultura que, movido por la fuerza animal o mecánica, sirve para labrar la tierra, abriendo surcos en ella. El primitivo arado romano ha venido utilizándose, apenas modificado, hasta nuestros días. El arado clásico, de vertedera, consta básicamente de una reja que abre el surco y una lámina metálica de curvatura especial que voltea la tierra levantada. La tracción mecánica ha permitido la creación de arados de varios cuerpos (bisurcos, trisurcos, etc.) El arado de disco sustituye la reja vertedera por un disco cortante situado oblicuamente con relación al sentido de avance.
Reja (labor).

arado

(aˈɾaðo)
sustantivo masculino
1. agricultura instrumento para abrir surcos en la tierra El caballo arrastró el arado por el campo.
2. acción y efecto de remover la tierra con el arado El arado de la tierra es necesario para plantar.
Traducciones

arado

Pflug

arado

charrue

arado

aratro

arado

pluh

arado

plov

arado

aura

arado

plug

arado

arado

쟁기

arado

ploeg

arado

plog

arado

pług

arado

arado

arado

plog

arado

คันไถ

arado

pulluk

arado

cái bừa

arado

arado

плуг

arado

arado

SM
1.plough, plow (EEUU)
2. (= reja) → ploughshare, plowshare (EEUU)
3. (Andes) (= tierra) → ploughland, plowed land (EEUU), tilled land; (= huerto) → orchard
Ejemplos ?
De pronto, una idea luminosa atravesó su cerebro: cogió la cola de la perra y la ató entre la reja y el mango del arado sujetándolo bien fuerte.
iExtremeño, y no haber tierra que hubiere el peso de tu arado, ni más mundo que el color de tu yugo entre dos épocas; no haber el orden de tus póstumos ganados!
y de este hermoso y vivífico sol, alma del mundo, no volver a la luz, sino allá cuando ceñida en lauro de victoria ostente la dulce patria su radiosa frente, el astro del saber termine su conocido giro al occidente, y el culto del arado y de las artes, más preciosas que el oro, haga reflorecer en lustre eterno, candor, riqueza y nacional decoro, y leyes de virtud y amor dictando, en lazo federal las gentes todas adune la alma paz, y se amen todas...
Su cuerpo achaparrado, duro, lleno de ángulos y nudosidades asemejábale a una encina añosa, dotada por un capricho de la Naturaleza de la facultad de trasladarse; su rostro curtido por la intemperie, era del color de la tierra labrada; no parecía sino que un solo arado había hecho los surcos de la una y las arrugas del otro; como crece entre los surcos la cizaña, desigual, revuelta y salpicándolo a trechos, crecía la barba en la cara rugosa del viejo labrador; hasta su cabeza puntiaguda, coronada de cabellos blancos, recordaba los picos inaccesibles que se erguían sobre la montaña, cubiertos de nieves perpetuas.
Se trataba del conde filántropo, del que tuvo misericordia de las turbas, del que con exaltación profesó el culto de los humildes, del que, en su vocación entusiasta, tomó el arado en sus manos aristocráticas y, descalzos los pies, rompió las entrañas de la tierra para que produjese el dorado trigo que sustenta al hombre.
Y el fervoroso cristiano que volvía del templo, lleno su corazón de místicos regocijos; y el célibe egoísta que, empuñando el roten, se desperezaba a la puerta de su, casa, dispuesto a emprender el higiénico paseo extramuros; el labrador afanoso que arreaba la yunta y dirigía el arado para abrir el primer surco en su heredad; y el bracero menesteroso..., cada cual a su manera, saludaba con himnos del corazón aquel inolvidable Sábado de Gloria de 1878.
Tras ellos fueron los perros muy amigos del cultivo desde que el invierno pasado hubieron aprendido a disputar a los halcones los gusanos blancos que levantaba el arado.
Con sus adúlteros viva y valga, a los que de una vez abrazada tiene a trescientos, a ninguno amando de verdad, pero una y otra vez de todos los ijares rompiendo, y no al mío se vuelva, como antes, a mi amor, el que por culpa de ella cayó como de un prado la última flor, después de que, de largo pasando, tocada por el arado ha sido.
Muchachas Como una flor, en los cercados jardines secreta, nace, desconocida para el ganado, de ningún arado desgarrada, 40 que acarician las auras, afirma el sol, cría la lluvia: muchos chicos a ella, muchas chicas la desearon; la misma, cuando la cogío, cuando la carpió una tenue uña, no hay un chico que a ella, no hay que la desee una chica: así la virgen, mientras intacta sigue estando, mientras, cara a los suyos es.
Chávez, tú puedes decir que no has arado en el mar, que has arado en tierra, que has sembrado, que la has regado y que finalmente florecieron mil flores, como debía ser, y por eso hoy Venezuela está aquí junto sus hermanos de la América del Sur.
Trozos de jaspe de un trabajo verdaderamente romano no tienen aquí otro museo que una cuadra, y sirven de pesebre al bruto que acaban de desuncir del arado.
No fue larga, sin embargo, esa época, porque la sociedad agrícola de Montevideo, para adaptase mejor al medio, hubo de dejar el arado y adoptar el lazo y las boleadoras.