arabesco

(redireccionado de arabescos)
También se encuentra en: Sinónimos.

arabesco

(Del ital. arabesco < arabo, árabe, por ser este adorno característico del arte musulmán.)
s. m. ARQUITECTURA Adorno arquitectónico compuesto de combinaciones de líneas muy variadas que se emplea en frisos, zócalos y cenefas.

arabesco, -ca

 
adj. Arábigo.
m. Ornamentación en bajorrelieve o pintura a base de figuras geométricas y estilizaciones vegetales entremezcladas. Fue muy utilizado por los árabes, sus inventores, para decorar frisos, zócalos, cenefas, columnas, molduras, etc.
Sinónimos

arabesco

, arabesca
sustantivo masculino

arabesco:

traceríalacería,
Traducciones

arabesco

arabesque

arabesco

arabesque

arabesco

arabesco

arabesco

Arabeske

arabesco

Arabesque

arabesco

아라베스크

arabesco

Arabesque

arabesco

ADJ & SMarabesque
Ejemplos ?
En invierno, el ganado hundía las patas en el lodo hasta los corvejones; en verano, aquella masa, petrificada en altibajos ondeados, como olas de un mar de barro, mostraba todavía los huecos profundos de las huellas de vacas y carneros, que adornaban como arabescos el oleaje inmóvil.
Mil exquisitos bordados la piel finísima visten de mil caprichosos ramos, mil arabescos perfiles, con cuyo primor y gusto en tejidos y en matices, los encajes y las flores inútilmente compiten.
Y he aquí que el conde, en un viaje por llanuras acolchadas de nieve, mientras un cierzo áspero y polar desgarraba los escarchados arabescos del ramaje sin hojas: yendo, como un «mujik», en la plataforma del tren, enfundado en su hopalanda de pellejas de carnero mal curtidas, endurecidas por el hielo, sintió en su pecho, repentinamente, como una punzada.
Sudoroso y jadeante en el húmedo fondo de la mina se debate contra la roca un hombre que vive acariciado por la muerte, a la cual se parece con la palidez del rostro, martillea y dinamita; trabaja con los reumas filtrándose a través de sus tejidos y la tisis bordando sus mortales arabescos en las blanduras de sus pulmones sofocados.
El Bazar de los Sederos es un lugar importante, y la mejor forma de representarle es como un patio de resquebrajadas baldosas rojas, en torno de cuyas aristas los arcos festonean de arabescos unas recovas oscuras.
De vez en cuando, mientras lanzaba contra el guardacantón un largo escupitajo de saliva oscura, levantaba con la rodilla su instrumento, cuya dura correa le cansaba el hombro; y ya doliente y cansina o alegre y viva, la música de la caja se escapaba zumbando a través de una cortina de tafetán rosa bajo una reja de cobre en arabescos.
Le lleva misiá Gumersinda en doble ángulo simétrico, medio suelto, a todo viso, a toda guarnición, cogidas las puntas por los gordos brazos con mucho melindre y mucha fullería, mientras empuña y sostiene una sombrilla de raso morado con arabescos de cuentas blancas que remedan confites.
Anegado en estas sensaciones, solía yo pasar horas enteras en cierto rincón favorito, de donde podía oír a mis anchas el copioso raudal que de la boca de un león, con plácido susurro, se deslizaba a una dilatada alberca, y no hubiera cambiado los altos muros, incrustados de rústicos arabescos en su parte superior y forrados en la inferior de espesas varas de naranjos y limoneros, por el más grandioso de los parques que después he visto y he aprendido a admirar en Inglaterra.
El último de los presos resultaba para ellos un personaje feliz, y le contemplaban con envidia al verle inmóvil en «la pieza», haciendo calcetas con estrambóticos arabescos o tejiendo cestillos de abigarrados colores.
Grandes fuentes de natillas amarillas, que se movían solas al menor choque de la mesa, presentaban, dibujadas sobre su superficie lisa, las iniciales de los nuevos esposos en arabescos de finos rasgos.
Los ojos no separaba, vivos, rasgados, de fuego, lumbreras de un lindo rostro vivaz, gracioso y moreno, de las cercanas paredes de un edificio frontero, en cuyos sillares blancos daba la luna de lleno, descubriendo tres balcones con barandales de hierro; debajo dos rejas grandes no muy lejanas del suelo; y cerrada, una ancha puerta, sobre la que tiene asiento un noble escudo de mármol guarnecido de arabescos.
Nos tenía deslumbrados a todos la riqueza de las vidrieras con cifras y arabescos; las doradas columnas; los casetones del techo, con sus pinturas de angelitos de rosado traserín y azules alas y, particularmente, la profusión de espejos que revestían de alto a bajo las paredes; enormes lunas biseladas, venidas de Saint-Gobain (nos constaba, habíamos visto el resguardo de la Aduana), y que copiaban centuplicándolos, los mecheros de gas, las cuadradas mesas de mármol y los semblantes de las bellezas marinedinas, cuando venían muy emperifolladas en las apacibles tardes del verano, a sorber por barquillo un medio de fresa.