arúspice

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arúspice

(Del lat. haruspix.)
s. m. HISTORIA Sacerdote que practicaba la aruspicina, entre los antiguos romanos.

arúspice

 
m. Sacerdote que en la antigua Roma practicaba la aruspicina.
Traducciones

arúspice

aruspice
Ejemplos ?
La práctica primera, autóctona, de adivinar por signos de las aves, es familiar en la figura de Calcas, el adivino a través de las aves de Agamenón, quien había guiado al ejército (Ilíada I.69) y fue ampliamente reemplazado por la adivinación a través de la inspección del hígado de la víctima sacrificada — arúspices — durante el período orientalizante.
Entre los Romanos, además de las fanáticos y fatuarios, los auspices, augures, arúspices, extispices y fulguratores, eran los principales ministros que profesaban la ciencia adivinatoria, reducida especialmente a los auspicios llamados después augurios y también a la aruspicina, de la cual se sacaban igualmente los presagios.
La persecución general fue motivada por el fracaso de un sacrificio en Nicomedia: los arúspices fueron incapaces de dar con el hígado de varios animales sacrificados, un muy mal augurio del que culparon, al parecer, a un funcionario imperial allí presente, que fue visto santiguarse para no ser contaminado por los ritos.
La ciencia augural con su nueva clasificación, es llamada Aruspicina o bien Extispicina: derívase la palabra aruspicina, de ara, esto es, altar, y de spicere, que denota observar; así como la de extispicina, procede de exta, es decir, entrañas, y de inspicere, que así mismo significa observar, mirar, porque los Arúspices y los Extispices degollaban las víctimas sobre el altar y examinaban sus entrañas para saber el porvenir.
Los arúspices, para sacar los presagios, observaban: 1.°, las víctimas, antes de abrirlas 2.°, las entrañas, después de practicada la anterior operación 3.°, la llama que se formaba de las carnes quemadas 4.°, la harina de cebada, el incienso, el vino y el agua que servían en los sacrificios.
Las Exta, que según se ha dicho, eran las entrañas de los animales que los arúspices consultaban, para sacar los presagios, constaban de seis partes, a saber: la lengua, el corazón, el bazo, el hígado, los pulmones y los riñones.
Respecto de la harina, el incienso, el vino y el agua examinaban los Arúspices, el gusto, color y olor de dichos objetos por si reunían los requisitos necesarios.
Según Plauto, las mujeres en algunas ocasiones tuvieron participación en esta ciencia la que con el transcurso del tiempo, se confundió y amalgamó con la augural mediante la que muchos arúspices en Roma se ocuparon en explicar los prodigios y fenómenos notables de la Naturaleza.
Los arúspices eran temidos y reputados entre las personas ilustradas como unos verdaderos insensatos suponiéndose instruidos en el conocimiento del porvenir: sabida es la respuesta que dio Aníbal al mensaje de Prusias, rey de Bitinia, cuando éste rehusó dar la batalla porque se lo habían prohibido las entrañas de las víctimas, y Catón dijo que no le era fácil comprender cómo los augures y los arúspices al encontrarse en la calle podían contener la risa.
Rehabilitó a los antiguos adivinos etruscos (conocidos como los arúspices), que reemplazaron a los astrólogos extranjeros a los que expulsó.
Eran percibidos como charlatanes en época imperial. Catón decía que «dos arúspices no podían mirarse sin reírse». Las diferentes prácticas que han subsistido hasta nuestros días con la ayuda del poso del café y otros procedimientos parecidos no son más que una supervivencia, habiendo perdido su significado original, de un conjunto de ritos que se remontan probablemente hasta la prehistoria, y ligados a una práctica chamánica.
En algún momento del año 299, los emperadores tomaron parte en una ceremonia de sacrificio y adivinación en la que, al parecer, los arúspices fueron incapaces de leer las entrañas de los animales sacrificados, y culparon a los cristianos de la corte imperial.