aprisco


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aprisco

s. m. GANADERÍA Campo cercado donde se recoge por la noche el ganado. priscal, redil

aprisco

 
m. Paraje donde los pastores recogen el ganado para resguardarlo de la intemperie.
Sinónimos

aprisco

sustantivo masculino
redil, majada, apero, corte, corral (junto a una casa).

aprisco:

corralredil, majada,
Traducciones

aprisco

sheepfold

aprisco

ovile

aprisco

SMsheepfold
Ejemplos ?
La altura de las tapias del aprisco es variable, y pueden estar protegidas con bardas de espinos para impedir el acceso a los depredadores; el pavimento puede estar empedrado, para que después de barrido, operación que debe hacer cada dos o tres días, se enjugue en poco tiempo mientras el ganado está fuera de él; sobre los extremos de estos apriscos hay una pequeña abertura para apartar la cría cuando sea necesario.
Esta raza se explota en pastoreo a lo largo de todo el año, aprovechando los recursos naturales; en aprisco es ayudada con ración de concentrados, henos y subproductos.
En función de la geografía, el aprisco recibe diferentes nombres de un amplio y rico vocabulario. Los rebaños merinos trashumantes solo están bajo cubierto durante el esquileo, que dura como mucho uno o dos días si la estación está seca o templada; parte de la finura de las lanas merinas depende de estar el rebaño a la intemperie.
Aprisco es el refugio utilizado por el pastor para recoger las ovejas protegidas de las inclemencias del tiempo y los depredadores.
La finca de Sastoya, consta de unas 80 Ha., de las que 12 de ellas son praderas; está inscrita en el área de "Producción Ecológica" y es propiedad del Gobierno de Navarra, gestionada por su "Departamento de Medio Ambiente" que la cede al "ITG Ganadero" para el mantenimiento de las Betizu. Existe en la finca un aprisco cubierto de 300 m2 para almacén y manejo de ganado.
Ya del vago crepúsculo los tules iban cubriendo la región serena; las abejas dejaban las azules flores por la colmena; la yunta de los bueyes arrastraba el arado en los senderos; las baladoras greyes llamaban a los tímidos corderos, lentas marchando hacia el cercano aprisco; centelleaba la hoguera del leñador, en empinado risco; iba inundando la ondulada alfombra de la verde pradera de las montañas la creciente sombra; sonaba la campana de la ermita vecina, a par que la lejana canción de la afanada campesina, cuando, buscando del hogar que humea el pobre techo amigo, de la montaña, entrambos sin testigo, mi musa y yo, bajamos a la aldea.
III Y vi una tarde el amoroso idilio sobre la cima de la azul montaña; un sol que se ponía, una limpia caseta que humeaba, una cuna de helechos a la puerta y una mujer que ante la cuna canta... Y el hombre en su peñasco tañendo dulce gaita que va atrayendo hacia el dorado aprisco los chivos y las cabras...
Mi cuna se ha mecido entre pastores, a la sombra oscilante de la encina que mueve, al revolar por los alcores, el viento de la sierra convecina; y han arrullado mi niñez las quejas de la tórtola errante en los oteros, y el zumbido letal de las abejas que en Espuña desfloran los romeros; y mi oído infantil han halagado, repercutiendo allá de risco en risco, los silbos del zagal que descuidado conduce las ovejas al aprisco; y el sueño he conciliado, pobre infante, al siniestro gañido del lobato, y al ladrido del perro vigilante que en la sombra nocturna guarda el hato; y más tarde, entre jaras y quejigos, me han prestado su noble compañía el potro y el lebrel, fieles amigos, de mi remota juventud un día.
Algo de compasión y mucho de cansancio e impaciencia nos dictaron la medida de llamar a capítulo al mozo y aconsejarle paternalmente la vuelta a su aprisco serrano.
Pero «fijando nuestras miradas en el autor y consumador de la fe, Jesús»(126), cuyo lugar ocupamos y por quien Nos ejercemos el poder, aunque sean débiles nuestras fuerzas para el peso de esta dignidad y de este cargo, Nos sentimos que su caridad inflama nuestra alma y emplearemos, no sin razón, estas palabras que Jesucristo decía de sí mismo: «Tengo otras ovejas que no están en este aprisco; es preciso también que yo las conduzca, y escucharán mi voz»(127).
Y como ya era tiempo de llevar la manada al aprisco, volvió a su cabaña, contó a su mujer lo ocurrido, le mostró a la niña, y la exhortó a tomarla por hija, ocultando cómo había sido hallada.
Y después de comunicarse mutuamente el sueño, y de haber hecho un sacrificio, en la gruta de las Ninfas, al mozuelo de las alas (cuyo nombre no acertaban a adivinar), enviaron a los mozos a cuidar del hato, enseñándoles el oficio pastoril: de qué modo ha de apacentarse antes del mediodía, de qué modo después de pasada la siesta; cuándo conviene llevar al abrevadero, cuándo al aprisco; en qué ocasión debe emplearse el cayado y en qué ocasión basta la voz.