Ejemplos ?
Pero una vez hallado el desafío, se apresuraron los reyes y los pueblos, visto que era cosa buena, a erigirlo en ley, y por espacio de muchos siglos no hubo entre caballeros otra forma de enjuiciar y sentenciar que el combate.
Aquello no podía resistirse; era como vivir en familia, y la viuda de Casporra hizo que sus hijos levantaran la pared una vara. Los vecinos se apresuraron a manifestar su desprecio con piedra y argamasa, y añadieron algunos palmos más a la pared.
Los inquisidores conocían al hombre y sabían que era capaz de armar una de zambomba y degollina. Después de fútiles explicaciones, se apresuraron a despedirlo acompañándolo cortésmente hasta la puerta.
Los cortesanos intentaron oponerse a tal resolución, porque sabían que era de mentirijillas aquello de fuerza, audacia y sabiduría, y temían las consecuencias de un mal paso; pero por lo mismo que habían hecho creer al principito que a todos aventajaba y a todos era superior, dirigioles tan colérica mirada, que se apresuraron a retroceder y entraron cabizbajos en palacio.
Mas, cuando llegaron a los bosques del Ida, abundante en manantiales, se apresuraron a cortar con el afilado bronce encinas de alta copa, que caían con estrépito.
Se apresuraron y toda aquella noche caminaron bajo la luna, y todo el día siguiente caminaron bajo el sol, y al atardecer llegaron a una ciudad.
7 A tu reprensión huyeron; Al sonido de tu trueno se apresuraron; 8 Subieron los montes, descendieron los valles, Al lugar que tú les fundaste.
En ese momento los instrumentos tocaron un vals del país y todos jóvenes se apresuraron a sacar parejas entre las ñapangas más agraciadas.
Tal dijo, y ellos le escucharon y obedecieron. Al punto se apresuraron a salir con armas, para encargarse de la guardia. Trasimedes Nestórida, pastor de hombres; Ascálafo y Yálmeno, hijos de Ares, Meriones, Afareo, Deipiro y el divino Licomedes, hijo de Creonte.
La fiera puso la pata en la ventana, y, al ver ellas que era blanca, creyeron que eran verdad sus palabras y se apresuraron a abrir.
La Soberana creyó el cuento, y sonriendo desdeñosamente, exclamó: -«Mariica lo ha dicho, -Mariica lo hará; -si no, la cabeza- se le cortará.» Todos se apresuraron a comunicar tan cruel sentencia a la que por celos ya odiaban.
Cuando ocurrió el fatal golpe del 3 de Enero, todos aquellos generales se apresuraron a poner su espada al servicio de los dictadores.