Ejemplos ?
¿Quiere usted ser mi confesor, amiga mía? -¡Oh! Sí -me apresuré a responder. -¿Confesor con todas sus condiciones? -Sí, aceptando una.
Me apresuré a ponerme entre ellos y a asegurarle que tendríamos cuidado de que devolviera todo lo que había adquirido indebidamente.
Es decir, apoyaría a la nueva administración en el inicio, pero no la obligaría a mantenerlo en la Secretaría de Hacienda, pues Zedillo podría disponer en el momento que quisiera de la renuncia que entregaba por anticipado. Fue un gesto generoso que me apresuré a comentar con el presidente electo.
Mas ahora, al enterarme de que su verdadero sentir estaba enmarañado en cierta herejía, a juzgar por lo que se me ha dicho, me apresuré a personarme de nuevo entre vosotros.
Habíalo, quizá, desconcertado algún reflejo de contrariedad en mi semblante que me apresuré a componer por cortesía; y atribuyo a esta fugaz preocupación la idea confusa de haberle oído murmurar en árabe, mientras tomaba el asiento que le indiqué: –Asáhu jairón!
La madre entró de nuevo en la sala, y la conversación cambió de rumbo. —Eres un canalla—me apresuré a decirle en los ojos a Vezzera, cuando salimos.
La prometida carta de Peggotty (¡qué carta tan alegre y animadora era!) llegó en las primeras semanas del semestre, y con ella un bizcocho perfectamente rodeado de naranjas y con dos botellas de vellorita. Este tesoro, como es natural, me apresuré a ponerlo a los pies de Steerforth, rogándole que lo distribuyese.
Sin embargo, me apresuré demasiado a tranquilizarme; ayer por la mañana cayó el golpe exactamente en la misma forma que había caído sobre mi padre.
Aunque heredero de una mediana fortuna, no debía entrar en posesión de ella hasta mi mayor edad; tenía muchos compañeros de estudios, pero ningún amigo; por lo tanto, excusado es decir que, hallándome casi solo en el mundo, me apresuré a aceptar con júbilo lo que mi padre me proponía, poniéndome en camino para este pueblo con el alma inundada de dulces emociones.
Me apresuré a preguntar si podía mirar y, al darme su permiso, miré a través de los cristales y la vi sentada trabajando; la vi; y era la más preciosa criatura del mundo: pequeñita, con sus grandes ojos azules, que habían penetrado en mi infantil corazón; estaba riéndose vuelta hacia otro niño de Minnie, que jugaba a su lado, y había tal decisión en su rostro brillante, mezclada con mucho de su antigua expresión caprichosa, que me pareció justificado todo lo que había oído.
Me apresuré más que si hubiera sido un lacayo oyendo un aldabonazo en casa de un personaje de distinción; abrí, y en el primer momento, con gran sorpresa, no vi más que un inmenso paraguas, que parecía andar solo; pero pronto descubrí bajo su sombra a miss Mowcher.
Sin embargo, como tenía muchas ganas de ver a mi viejo y querido amigo, despaché mi comida de manera nada apropiada, para confirmar la opinión del camarero mayor, y me apresuré a salir por la puerta trasera.