apodo

(redireccionado de apodos)
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apodo

s. m. Apelativo que se aplica a una persona, normalmente peyorativo, tomado de sus defectos físicos o de otra circunstancia en estos andurriales cada hijo de vecino tiene su apodo. alias, mote

apodo

  (de apodar, calcular)
m. Nombre que se da a una persona tomado de sus defectos o de otra circunstancia.

apodo

(aˈpoðo)
sustantivo masculino
sobrenombre que se da a alguien, tomado de una característica atribuida a él Me llamo Juan, pero mis amigos me dieron el apodo de Cacho.
Sinónimos

apodo

sustantivo masculino
mote, alias, sobrenombre*.
Apodo y mote implican generalmente menosprecio, burla, ironía, etc. Alias y sobrenombre, pueden aludir a cualquier cualidad o circunstancia, buena o mala.
Traducciones

apodo

přezdívka

apodo

øgenavn

apodo

lempinimi

apodo

surnom

apodo

nadimak

apodo

ニックネーム

apodo

별명

apodo

bijnaam

apodo

tilnavn

apodo

apelido

apodo

smeknamn

apodo

ชื่อเล่น

apodo

biệt hiệu

apodo

SM (= mote) → nickname (Jur) → false name, alias
Ejemplos ?
Al encontrarse el Guardia Civil algún amigo o camarada a quien haya de saludar, lo hará cortésmente, sin gritos ni ademanes descompuestos; siempre se valdrá para ello sus propios nombres ó apellidos, no usando jamás de apodos o motes, que tan poco favor hacen a quien los emplea.
Distinguióse entre los maldicientes un abogadillo ramplón, á quien nadie encomendaba la defensa de un pleito porque, amén de ser piramidal su reputación de bruto é ignorante, era persona ridicula de quien todos se mofaban, recargándola de apodos.
Pongo párrafo aparte para elogiarte mi desconfianza, porque lo merece: ésta es tal, que desde pequeñito dieron en llamarme por apodo Niporesas, apodo que pasó a ser apellido, así como hay apellidos que pasan a ser apodos.
pues por más pendejudo que sea un hombre :no tiene tales pelos en el nabo! :Tiene otros cien apodos que no cuento :que aplica cada cual, según su antojo :como el corvo, la pieza, el instrumento.
La crónica no cita sus verdaderos nombres; mas como en aquellos tiempos felices la sencillez de los pueblos designaba a las personas eminentes con un sobrenombre, que siempre hacia relación a sus buenas cualidades o a sus defectos, se que a la mayor de aquellas princesas se la llamaba Perezosa, a las segunda Habladora, y a la mas pequeña Picarilla, apodos estos perfectamente acomodados al carácter de las tres hermanas.
Como sucede en las comunidades con tendencia igualitaria, hasta quienes alcanzan cierta comodidad material tienen apodos: La posible movilidad social resultante del esfuerzo y el trabajo, no impide la relación franca y abierta facilitada por esos identificadores particulares que son los apodos, allí están los borregos, latas, cauchos, colegas, chicama, pato, pavo, chanchitos, cántaro, chivos, gatos, pollitos, culebra, dañino, pavos, ranas, cachaco, bruja, coto, gringo, melan, duque, chepa, machete, burro blanco, tamalitos, Nadie se reciente ni disminuye si lo reconocen con ese distintivo.
El niño y el adolescente tratan de ser como el maestro que sabe serlo y repugna, inclusive con majadería y venganza calladas (dibujos pornográficos, caricaturas despiadadas, apodos burlones, maltrato a las propiedades de los profesores) a quienes son falsos educadores y los hieren, sin haber investigado antes, la causa de su comportamiento y creen poner remedios con expulsiones y afrentas.
Se aproxima pues el día en que los partidos tomarán otros nombres y otros fines y no desesperemos de ver levantarse uno de estos días banderas que lleven escrito como lema, en vez de aquellos apodos en cuyo nombre se degollaba y se perseguía, estos más conformes con los fines de la humanidad: Nosotros seguiremos la última de estas banderas.
Con razón; pues, no tratándose de reyes, poco suelen los apodos alabar las cualidades, y más bien, al contrario, tratan de poner de relieve los defectos físicos o morales de la víctima.
Estaban ciertos amigos en Roma esperando con mucho deseo y risa que llegase una ballesta de Lisboa; por la qual habia enviado uno de ellos. Vino, y fue tan mala, que todos le dieron mil apodos, significando su antigüedad, y entre ellos fueron los de esta canción.
«Maíz frito» lo había llamado Baldomero a un compañero que siempre, por lo listo, parecía andar chisporroteando, y «Palomo» a un muchacho que se enamoraba de cuanta china lo rozaba: «Charabón» le decía a otro, por lo descuajaringado; y «Flauta», «Petizo», «Pata larga», «Bacaray» y mil otros, a todos, a cualquiera, a los del pago y a los forasteros; en voz baja, muchas veces, o por detrás del interesado, para que no supiera que ya le había cambiado el nombre, o en voz alta y en medio de las risas, por tal que del recién bautizado no se pudiera temer alguna peligrosa explosión de mal humor, muy natural, por lo demás, pues hieren los apodos.
Sólo en apartada torre del mal guardado castillo, con el fulgor amarillo de una lámpara al morir, velan algunos soldados, y se siente desde fuera el rumor de una quimera y jurar y maldecir. Se sienten sus carcajadas, sus apodos insolentes, que en todo hallan tales gentes contentamiento y placer.