apiñar

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apiñar

v. tr. y prnl. Reunir a personas, animales o cosas en grupo o grupos apretados apiñó las reses en el establo. amontonar, apeñuscar

apiñar

 
tr.-prnl. Juntar o agrupar estrechamente [personas o cosas].

apiñar

(apiˈɲaɾ)
verbo transitivo
poner personas o cosas muy juntas y apretadas en un lugar pequeño Apiñan el maíz en los silos hasta que sube el precio. Apiñó a los invitados en un salón pequeño.
Sinónimos
Traducciones

apiñar

to pack, jam, squeeze

apiñar

A. VT (= agrupar) → to crowd together, bunch together; (= apretar) → to pack in; [+ espacio] → to overcrowd, congest
B. (apiñarse) VPRto crowd together, press together
la multitud se apiñaba alrededor de élthe crowd pressed round him
Ejemplos ?
Si sois sus hombres y les servís en contra de la gente, para que no entren por la fuerza en el depósito, entonces tendréis abundancia de agua, no pereceréis, ni vosotros ni vuestros hijos." "Y los hombres fornidos y los que tenían habilidades para la guerra prestaron oído a este discurso y se resignaron a ser persuadidos, porque su sed les obligaba, y fueron ante los capitalistas y se convirtieron en sus hombres, y en sus manos fueron puestos bastones y espadas y se hicieron defensores de los capitalistas y golpearon a la gente cuando se apiñaban ante el depósito.
Estaba en medio de una batalla campal y una tala de árboles: se oían crujidos y trastazos, oscilaban los árboles, unos árboles frondosos y exóticos, y tras ellos se apiñaban rostros morenos en un rincón mientras que del lado nuestro, junto a las raíces, relampagueaban unas hachas terribles, manejadas por mi tío, por el anciano Iván Stepánovich...
El encierro, como pocos domingos había sido el pasado día de ayer, de los buenos; seis hermosos toros del Jaral esperaban oteando al viento su salida al coso desde los chiqueros donde se apiñaban.
Enfrente del galpón estaba la casa: un rancho inclinado que parecía quererse echar a la sombra de los álamos, cuyas ramas se doblaban agobiadas por el calor, y un poco más allá, se veía el ancho y bajo corral lleno de ovejas, que, ansiosas de sombra, se apiñaban en grupos jadeantes y embrutecidas.
Había en medio del palacio, bajo la desnuda bóveda del cielo, un gran altar, junto al cual inclinaba sus ramas un antiquísimo laurel, cobijando con su sombra a los dioses penates de la real familia; allí Hécuba y sus hijas, buscando vanamente un refugio alrededor de los altares, semejantes a una bandada de palomas impelidas por negra tempestad, se apiñaban, abrazadas a las imágenes de los dioses.
A su vuelta, ¡qué de gentes le esperaban, y se apiñaban a su alrededor para cerciorarse de si había efectivamente París, de si se iba y se venía, de si era, en fin, aquel mismo el que había ido, y no su ánima que volvía sola!
Hay algunos de estos lugares en los cuales se han reproducido en cera o yeso a los moradores de los edificios tal y como se apiñaban en ellos con todos los detalles de sus prendas de vestir, muebles y todas las demás características, en base a registros reales o fotografías de la época.
Grupos muy diferentes se apiñaban; hacían nuevas amistades, se despedían de las antiguas, se hablaba, se reía, se lloraba, se comía, se bebía; algunos estaban ya instalados en el pedazo de suelo que les correspondía, y se ocupaban en arreglar sus efectos, colocando a los niños en taburetes o sillitas; otros, no sabiendo dónde meterse, vagaban de un lado para otro desolados.
Sé que recorrimos tristes y desiertas gándaras, que subimos por montes escuetos y casi verticales, que nos emboscamos en una selva de robles, que pisamos nieve fangosa, que hasta vadeamos un río, y que, por último, encontramos un valle relativamente ameno, donde docena y media de casuchas se apiñaban al pie de humilde iglesia.
En aquellos días tristes del mes de Octubre, en que los huéspedes del gran hotel de Termas-altas se apiñaban hacia la cabecera de la mesa, en el comedor frío y húmedo, a los postres, la conversación, antes floja y malhumorada, se animaba un tanto, aunque fuera para maldecir con nuevos alientos de la vida insoportable de aquel caserón y del abuso de las propinas.
Los galos, especialmente los que se apiñaban alrededor del cuerpo del cónsul, estaban lanzando sus jabalinas sin puntería y sin causar daño, como si estuviesen privados de sus sentidos; algunos parecían paralizados, incapaces de luchar o de huir.
Se bajaba a almorzar y a comer, con abrigo; las señoras se envolvían en sus chales y mantones; a cada momento se oía una voz imperativa, que gritaba: -¡Cierre usted esa puerta! Los pocos comensales se apiñaban a la cabecera de la mesa del centro, lejos de la entrada temible.