apetecible


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apetecible

adj. Se aplica a aquello que despierta apetito o deseo viaje apetecible. deseable

apetecible

 
adj. Que puede agradar o gustar; que puede ser apetecido.

apetecible

(apeteˈθiβle)
abreviación
1. cosa que gusta, que provoca deseo una comida muy apetecible
2. que despierta o provoca deseo sexual una muchacha apetecible
Sinónimos
Traducciones

apetecible

appetibile

apetecible

ADJattractive, tempting
Ejemplos ?
Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asiático, un africano y, aún, un europeo.
A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con que elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas.
Pero no todo es tortas y pan pintado en este valle de lágrimas, y cuando más confiada estaba doña Feliciana en que su marido no pensaba sino en ganar peluconas, recibió de Ica una carta anónima en que la informaban, con puntos y comas, de cómo el señor Mesía tenía su chichisbeo, y cómo gastaba el oro y el moro con la sujeta, y que la susodicha no valía un carámbano ni llegaba a la suela del zapato de doña Feliciana, que aunque jamona, se conservaba bastante apetecible y no era digna de que el perillán de su marido la hiciese ascos.
Al llegar a la edad en que la niña se transformaba en apetecible mujer, Margarita había descubierto, sola y sin ayuda ni consejo de nadie, el secreto de realzar la belleza con inocentes y baratos artificios, como el artístico peinado, la flor en el corpiño, el zapato bien hecho (tenía la fábrica en casa), el vestido de pobrísimo «guingán» o «zaraza», cortado con gracia y adornado...
Hacía dos años, entonces, de que un acaudalado industrial, residente en Méjico, y deseoso de retirarse a su país, pidió informes acerca de las jóvenes maizalenses en estado de merecer, coincidiendo todas las referencias en que la más gentil, la más apetecible, la de mejores partes y prendas, era la hija del Manco.
Porque, á la verdad, si el dinero es un bien, mientras mayor sea el bien debe ser más apetecible, y no se concibe la aurea mediocritas, celebrada por Horacio y por todos los poetas de otros tiempos, sino recordando que el hombre acaudalado estaba de continuo expuesto á que le matasen ó maltratasen para robarle, ya el Emperador ó el Príncipe bajo cuyo imperio vivía, ya la plebe codiciosa.
–Y entre los pueblos sucede lo mismo: la nación que quisiese hacer práctica de romanticismo pacifista, desarmándose, librando su suerte a factores puramente morales, estaría condenada a perecer en medio de las naciones codiciosas a las cuales tentaría con su debilidad apetecible.
Descansaba una tarde sentada a la puerta de mi casa. El día había sido muy caluroso haciendo apetecible la sombra de los árboles que refrescaban mi alegre habitación.
Se mostraban a cuál más comunicativo y bullicioso; rebosaba en sus almas un goce fecundo. El conde advirtió que la señora Carré-Lamadon era muy apetecible, y el industrial tuvo frases insinuantes para la condesa.
A los cuales alabamos ardientemente y exhortamos a permanecer en el plan comenzado; y a todos los demás de entre vosotros en particular os hacemos saber, que nada nos es más grato ni más apetecible que el que todos suministréis copiosa y abundantemente a la estudiosa juventud los ríos purísimos de sabiduría que manan en continua y riquísima vena del Angélico Doctor.
--¡Cuánta pena me dais!-- seguía lamentando y entre lágrimas y sollozos escogía Las de tamaño más apetecible; Restañaba con generoso pañuelo Esa riada de sentidos lagrimones.
el más hermoso caballo y el más precioso perro del mundo; sí, ¡por el Can! ¡yo preferiría un amigo a todo el oro de Darío, y a Darío mismo; tan apetecible y tan digna me parece la amistad!