Ejemplos ?
Llamó la atención de nuestro pueblero el flete, primorosamente aperado de plata tintiniante, cuyos reflejos intensificaban su pelo ya lustroso de colorao sangre e toro.
Montado en un mancarrón overo, modestamente aperado, sale del palenque de la estancia, para el campo, a parar rodeo o a repuntar la hacienda, el señor, con su séquito.
Un día que, hecho ya todo un ricacho, iba el criollo viejo arreando para Mendoza unos novillos enormes de gordos, para el abasto de la ciudad, encontró por el camino a un jinete regularmente aperado y vestido y bastante buen mozo; y se detuvieron ambos, de golpe, abriendo tamaños ojos.
Hacía muchos años ya que había perdido el timón, don Anselmo, cuando apareció en la estancia de don Tomás, una tarde, miedosamente colocado en un mancarrón mal aperado, prestado en la pulpería, donde había llegado a pie, desde el pueblito, distante de tres leguas, objeto de la burlona curiosidad de los paisanos, con sus harapos de pueblero, mestizados de prendas campestres, sus alpargatas nuevas y su galerita aboyada, su levita remendada, recuerdo de grandezas pasadas, sus pantalones arremangados en las medias sucias, y sus manos sin ampollas.