apenitas

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apenitas

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Ejemplos ?
Pos como es su domaora, y ella se sabe de memoria que siendo suyo, el cobre es oro pa mi Pepe, pos apenitas gorvió de la corte y se enteró de que mi Pepe estaba cuasi dando dineros a ganancias, pos entonces mi niño ganaba catorce riales de jornal; pos se jizo la encontraiza con él y se gorvieron a tomar de pico y na, lo que pasa, compadre, lo que pasa, que los quereles se lañan y ellos lañaron los suyos y como si na, como si tal cosa, como si ella no se hubiera dío antes juyendo de él a la tierra de los marqueses y los vizcondeses.
El Chiquito, al que to lo que le faltaba de yerbas y de postín le sobraba de hígado, y que además estaba por la Toñuela jaciendo más espumas que una gaseosa, pos apenitas se tragó el paquete de lo que pasaba, empezó a pisarle los pinreles al del Altozano, y el del Altozano encomenzó a darle quiebros al chotillo aquel, peleando con el cual no podía sacar honra ni provecho.
Yo si fui al pueblo fue pa rematar un trato que tenía ya jecho mi tío, que en gloria esté, y vi allí a mi Cloto, y apenitas la vi me quedé como perlático, y qué quiée usté.
-El de los Perejiles una miajita caviloso; como si le estuviera dando er corazón lo que diba a ocurrir, lo que ocurrió, que lo que ocurrió jué que apenitas se había montáo er Zamora en el macho, un macho más reluciente que una torre de marfil y más bien enjaezáo que er mismo sol, y cuando ya diba yo a ponelle la mano como estribo a la zagala pa montársela a la grupa, y cuando argunos encomenzaban a gritar: «¡Vivan los novios!», pataplún...
-Sí que se mejoró una miaja, pero apenitas gorvió ar pueblo encomenzó de nuevo a toser, y como yo sé que mi prenda no va a jaser los huesos viejos, y como si ella no los jase viejos, en flor se me van a abitocar a mí los míos...
pos velay tú..., apenitas el Zancúo jinchó tres veces la pluma y arrastró la cola, la Pinturera le dio la arsoluta a José, y, según parece, esta noche se casa con el otro, y...
Pero, en fin, vamos al grano; apenitas la saludé se me queó mirando con aquellos dos pícaros tan grandes y tan zalameros que Dios le puso en la cara, y me dijo, jaciéndose toa ella una sonrisa: «Me da a mí el corazón que yo sé a lo que usté viene.» «Ca, tú que has de sospechártelo tan siquiera», le dije yo, y ella me dice: «¡Vaya!
Accedió el Totovías a los deseos del Tarumba, y algunos minutos más tarde, después de haber desocupado entre ambos una de la Pastora, decíale el último a su compadre con acento en que desbordaba la ira que le llenaba el corazón: -Pos verá usté: esta tarde, endispués de hacer como que comía, porque apenitas si pue tragar un bocao, me jateé como los mismísimos ángeles, y me fuí a la calle a probarle a la Rosarillo que, cuando yo digo que le doy a un hombre un guantazo, ese hombre debe encomenzar, al verme, por ponerse dambas manos en los carrillos.
-Pos bien: como la Candelaria es como es y el Garabato tiée sangre de garañón y si rispeta a la luna es porque no la alcanza manque se remonte en globo, pos a fuerza de verse se gustaron, y como se gustaron se entendieron y como mi Pepe tiée aprobá toas las asirnaturas y ve mas dormío que otros despierto, pos se comió la partía, y como el gachó es más súpito que un rayo, apenitas se la comió, trincó al Toñuelo, le dio dos copas en ca del Ventolina y endispués se lo llevó a la Plaza del Callao y allí le dijo que tirara del jierro y él metió mano a su cachicuerna, y como mi niño es una pantera cuando se le sube la temperatura, pues el chavó quebró al Garabato como los propios ángeles y le atiró tina de las de chipé, de las de pronóstico reservao.
La tengo muy bien asegurada, pero no encerrada; y se la presto con mucho gusto, con la condición de qui a yo no mi'haga nada". "¡Contá conmigo!" -le dijo San Pedro-. Apenitas aclarió salieron los dos a descolgar a la Muerte.
JUAN. -¡Gurí travieso!... ¡Apenitas lo había dejao Fortunato en mi cama, se levantó y agarró pal patio!... FELISA. -¿Y vos por qué lo dejaste salir ¡Si vos no tuvieras esa pachorra!
Mandó en su testamento que su mortaja fuera de limosna, que le hicieran bolsico, y que precisadamente le metieran en él la baraja y los daos; y comu'era tan humilde quiso que lo enterraran sin ataúl, en la propia puerta del cementerio onde todos lo pisaran harto. Asina fué qui apenitas se le presentó la Pelona cerró el ojo, estiró la pata y le dijo: "¡Matáme pues!".