apaciblemente


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Traducciones

apaciblemente

ADVgently, mildly
Ejemplos ?
7. El rey Recaredo restituye apaciblemente los bienes ajenos sustraídos por sus predecesores y asimilados al fisco. Empieza a fundar y a dotar iglesias y monasterios.
―, ―claro que sí, la ceremonia es la mejor parte del sentimiento, ante algo tan importante lo menos que podemos hacer es darle solemnidad ―. Se regresó sonriendo apaciblemente.
Oí el arrastre de su silla sobre el piso desnudo, y el hombre no tardó en aparecer a la entrada de su ermita. -¿En qué puedo ser útil? -dijo apaciblemente. -Las copias, las copias -dije con apuro-.
Con los ojos cerrados, quietecito en su lecho de hierba, parecía dormir tan apaciblemente que el campesino tuvo durante un segundo la impresión de que todo lo que había evocado su memoria no era sino una pesadilla provocada por el alcohol.
Conque lo dicho, señora Condesa: principie usted por acostarse. La madre y la hija se guiñaron, y la primera respondió apaciblemente: -Voy a dar a usted ejemplo de obediencia y de juicio.
Ligero y como fluido, su cuerpo no le pesa; flota apaciblemente en una atmósfera de oro y luz, hecha de las partículas de los cirios, que se derraman ardientes y centelleantes.
Y entonces el nene PAPALOTL soñó que CUAUHTLATOATZIN, el sabio narrador de cuentos, le relataba uno más: EL TECOLOTE Y EL GATO MONTES. La noche se extendía por toda la tierra apaciblemente y sólo en el bosque se escuchaba el diálogo de los animales nocturnos.
Con gran cautela olisqueó hacia todos lados para cerciorarse de que no había presencia humana cercana y de inmediato con gran sagacidad se trepó al árbol donde muchos guajolotes se aprestaban a dormir y que se ubicaba al centro de un gran corral donde también dormitaban apaciblemente algunos puercos de monte.
La visita y la examina de cuando en cuando, con ternuras de autor satisfecho. En la estancia vive apaciblemente, sin mayores preocupaciones, morrongeando entre las tibiezas afectivas del hogar.
Ahora dicen que vamos a tenerla con los ingleses... -Ya somos viejos para comer el rancho -contestó, apaciblemente, sacudiendo una paletada de tierra-.
Habíamos ido allí dispuestos a dejar el pellejo, pero no: era Aramburu el que salía por la puerta de Montevideo y el gordo Maza lo llevaba con un brazo por encima del hombro, como palmeándolo, y Fernando lo tomaba del otro brazo. Caminaban apaciblemente.
Pero no, ahí estaba, caminando apaciblemente entre el Gordo Maza que le pasaba el brazo por el hombro, y Fernando lo empujaba levemente con la metra bajo el pilotín.