apóstrofe


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apóstrofe

(Del lat. apostrophe < gr. apostrophe < apostrepho, apartarse.)
1. s. m. y f. RETÓRICA Figura que consiste en interrumpir el discurso para interpelar con vehemencia a una o varias personas o cosas personificadas o a uno mismo.
2. Interpelación brusca y poco cortés. improperio

apóstrofe

 
amb. Figura de pensamiento que consiste en interrumpir el discurso para dirigir la palabra con vehemencia a una persona o cosa.

apóstrofe

(a'postrofe)
sustantivo masculino
1. imprecación ofensiva El delegado abandonó el recinto mientras recibía un sinfín de apóstrofes e improperios.
2. literatura expresión retórica que indica una invocación efusiva a una segunda persona La expresión "Oh, tristes nubes oscuras" es un ejemplo de apóstrofe.
Traducciones

apóstrofe

apostrof

apóstrofe

apostrofe, apostrof

apóstrofe

Apostroph

apóstrofe

apostrophe, rebuke, taunt

apóstrofe

apóstrofo

apóstrofe

apostrofi, heittomerkki

apóstrofe

apostrophe

apóstrofe

apostrofe, apostrofo

apóstrofe

apostrophos

apóstrofe

apostrof

apóstrofe

apostrofa, apostrof

apóstrofe

utfall, apostrof

apóstrofe

apostrof, kesme imi

apóstrofe

apostrof

apóstrofe

アポストロフィ

apóstrofe

아포스트로피

apóstrofe

apostrof

apóstrofe

เครื่องหมายวรรคตอน

apóstrofe

dấu móc lửng

apóstrofe

撇号

apóstrofe

апостроф

apóstrofe

גרש

apóstrofe

SM
1. (en retórica) → apostrophe
2. (= injuria) → insult; (= reprensión) → rebuke, reprimand
Ejemplos ?
Por eso no pudo menos de dirigir un duro apóstrofe a la tierra que pisaba, viéndola poblada de ásperos escajos, y cuya aparente esterilidad alejaba de ella a sus hijos para buscar en país remoto lo que la madre patria no podía darles.
De repente, vi detrás de él surgir un espectro horrible, descarnado, lívido, que enviándome una mirada siniestra, alzó la mano en señal de amenaza. Yo temblé por Pablo; y abrazándome a él, apóstrofe al fantasma: -¿Quién eres?
Bueno. Pero ¿qué quería significar aquello de orate de candor, apóstrofe de ironía con que inició su jerigonza? Anoche vino a mí el mozo.
e fijo, lector mío, que muchas veces has oído decir: Puneña, zurrón-currichi aplicado a las hijas de San Carlos de Puno, apóstrofe que, francamente, es la mayor injuria que hacerse puede a las allí nacidas, porque equivale a llamarlas brujas, y harían muy bien en beberle la sangre a sorbos al malandrín que tan pícaramente las agravia.
Este apóstrofe ha sido justamente advertido a la gata cruel desamorada, por lo que a los retóricos agrada, que adornan la oración con voces puras y sacan un retablo de figuras; que, cuanto a mí, jamás me atravesara con gente de uñas y de mala cara.
Asustada ella del ruido y de la gritería de los muchachos, que no perdieron la oportunidad de recoger cocos y nueces, emprendió la carrera en dirección a la laguna; y mientras más apuraba ella el paso, menos se detenían los zurrones, que con doña Valdetrudes fueron al fin a sumergirse para siempre en el Titicaca. Desde entonces (y ya hace fecha) nació el apóstrofe Puñeza, zurrón-currichi.
Ya sabes, por el apóstrofe coreado que oíste, que el novio se llama Melitón y que es calvo, y que se llama la novia María y es cancaneada o marcada de viruelas.
Recordad aquel viejo Pero Vermuez que vive en el romaz de myo Cid, un fósil hoy, pero que tuvo alma y vida, aquel Pero Vermuez, al cual cate myo Cid y le dice: Fabla, Pero Mudo, varón que tanto callas, y entonces Pero Vermuez conpeço de fablar Detienes’ le la lengua, non puede delibrar Mas cuando empieça, sabed, nol da vagar, y Pero Mudo, al romper á hablar, suelta á los infantes un torrente acusatorio, en que les dice: « lengua sin manos, ¿cuemo osas fablar? » Todo Pero Mudo se vierte en este apóstrofe: lengua sin manos, ¿cómo osas hablar?
La tradición añade que en Uliachi volvió el diablo la cara hacia el pueblo y pronunció el siguiente speech, maldición, apóstrofe o lo que sea: -¡Tierra ingrata!
Presto será el Centenario de aquel acto ilegal. El aniversario de 1810 saluda a las generaciones actuales con un formidable apóstrofe.
-No busquéis vuestra cita en Tertuliano, se encuentra en el capitulo octavo de las Confesiones de San Agustín. Al escuchar aquel apóstrofe, levanté la cabeza, sorprendido, y vi sentado delante de mí un clérigo.
Sucre y su lucida comitiva de oficiales en plena juventud, pues ni el general Córdova podía aún lanzar el desesperado apóstrofe de Espronceda, ¡malditos treinta años!