anhelado

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Sinónimos

anhelado

, anhelada
Traducciones

anhelado

sospirato
Ejemplos ?
Prescindí, pues, del baile, y apreté en lo del novio. Entonces reventó de su pecho la tremenda y anhelada frase: -Alejandro...,¡Usted se burla!...
Al punto, llevado de mi impaciencia, hago empezar a construir los muros de la anhelada ciudad, a la que pongo por nombre Pérgamo, exhortando a mi gente, entusiasmada de aquella denominación troyana, a que ame sus nuevos hogares y levante al punto una fortaleza.
En tan áspero camino irás dejando trozos de tu alma y cuando llegues a la anhelada cumbre -si llegas- serás un prematuro envejecido y los laureles de tu corona te punzarán las sienes como si fueran espinas.
(Si pudiera guiar el destino de los pueblos, si pudiera ser el paladín del mundo, estoy plenamente seguro que realizaría la metamorfosis anhelada… y sería mejor...
ADEL. Ten tu acero. (Dásele a Marsilla.) MARSILLA. ¡Arma anhelada! ¡Mi diestra te empuña ya! Ella al triunfo te encamina. Rayo fué de Palestina, rayo en Valencia será.
¡Babilonia y sus Evas, diferentes de las del resto del mundo, iniciadoras en los supremos misterios! Ya percibía Luis la anhelada inquietud.
Y llega, y llega la anhelada llora, y a tu absorta mirada se presenta la tierra adivinada, al rico albor de tropical aurora; verde, feraz, magnífica, opulenta, no ajada su beldad por los humanos, a tus ojos ostenta el virginal semblante con que salió de las divinas manos.
Buscaba, sin buscar, esperando siempre encontrar la pichincha anhelada para colocar de golpe y en una sola vez todo su capital, pero no a ojos cerrados como ese pobre Luis Durand quien, por apurarse y no saber, se había clavado, pagando cinco mil pesos más por legua de lo que valía.
Tal misión era su gloria anhelada, su destino elegido, su función como, trabajadores de la gran energía cósmica, los responsables humildes y grandiosos a la vez, MACEHUALES.
¿Loca? ¡Qué me importaba! Yo iba en busca de la soñada revelación, de la aventurera anhelada. Los de la serenata se alejaban. La claridad de los faroles de la plaza llegaba escasamente.
Con su mujer estuvo Mariano menos expansivo, porque tenía ciertos resquemores de conciencia, aunque muy leves... Al fin, era por una infidelidad conyugal por lo que llegaba a la anhelada poltrona...
Cuando ella le miraba aterrorizada y sin amor, desasió al fin el joven la anhelada mano, y pasando de la exaltación iracunda a un gran abatimiento de tristeza, dijo con dolorido acento: -¡Mariposa, tú quieres a otro!