angélica

angélica

1. s. f. BOTÁNICA Planta umbelífera, vivaz, con los tallos huecos y estriados, flores blancas y rizoma seco, que en infusión tiene virtudes expectorantes y estimula la función gástrica.
2. RELIGIÓN Canto religioso de la vigilia pascual, para la bendición del cirio.
NOTA: Nombre científico: (Angelica officinalis.)

angélica

  (del l. angelica, por las virtudes terapéuticas de la planta)
f. bot. Planta umbelífera (A. officinalis), de umbelas terminales, con flores blancas o verdosas y semillas negras y comprimidas que se usan en farmacia.

Angélica

 
lit. En el Orlando Furioso, doncella amante de Orlando.
Traducciones

angélica

Angelika

angélica

angelica

angélica

Angelica

angélica

Angelica

angélica

Angelica

angélica

انجليكا

angélica

Angelica

angélica

Angelica

angélica

アンジェリカ

angélica

Angelica

angélica

SFangelica

angélica

f (bot) angelica
Ejemplos ?
Y asi diciendo el buen conde Las manos la acariciaba Y el rostro la contemplaba Con amorosa ansiedad; Y ella inmovil y en silencio Con angélica sonrisa Contemplábale indecisa, Mas confiada en verdad.
¡Genaro!, dijo la voz, y con su armonía angélica llenó el aposento opaco vibrando en él duradera. Mas no respondió el mancebo, porque su garganta seca con el pavor de su alma a la palabra se niega.
Arrodilla, arrodíllate en la tierra donde segada en flor yace mi Lola, coronada de angélica aureola; do helado duerme cuanto fue mortal; donde cautivas almas piden preces que las restauren a su ser primero, y purguen las reliquias del grosero vaso, que las contuvo, terrenal.
VII Nadie te dice, nadie, que no sueñes y la luz de otros tiempos no vislumbres; que sin haber subido te despeñes, y a vivir despeñado te acostumbres; que la visión angélica desdeñes, de la paz que sospechas en las cumbres; ¡más de tus sueños de holgazán no hables!; porque tienen que ser ¡muy miserables!
Primeramente, en la base, había un cuadrado de cartón azul que figuraba un templo con pórticos, columnatas y estatuillas de estuco todo alrededor, en hornacinas consteladas de estrellas de papel dorado; después, en el segundo piso, se erguía un torreón en bizcocho de Saboya, rodeado de pequeñas fortificaciones de angélica, almendras, uvas pasas, cuarterones de naranjas; y, finalmente, en la plataforma superior, que era una pradera verde donde había rocas con lagos de confituras y barcos de cáscaras de avellanas, se veía un Amorcillo balanceándose en un columpio de chocolate, cuyos dos postes terminaban en dos capullos naturales, a modo de bolas, en la punta.
Tímida pastorcilla el pie tan presta jamás volver ante la sierpe pudo, como del freno Angélica atrás tira, cuando el guerrero que se acerca mira.
Ahora del ser, que les mostró hace poco de Angélica el indicio contrahecho, Bayardo, como es fiel, duda tampoco y se apresta a servir como ha siempre hecho.
Y explicar el dicho de las viejas y el sentido del piropo con que agasajo a mi Angélica, es lo que me propongo, amigo y camarada Prieto, en esta tradición.
El diablo puede llevarse a Dios sobre una montaña, y enseñarle desde ella el capitolio, las islas Molucas y la ciudad de las Indias, donde nació la hermosa Angélica que le hizo perder el juicio a Rolando: después de lo cual ofrece el diablo a Dios que le dará todo esto si consiente en adorarlo.
Su principio, pues, es ser hechura del Señor; pues no hay naturaleza alguna, aun entre las más viles y despreciables sabandijas del mundo, que no la haya criado y formado aquel Señor de quien procede toda formación, toda especie y hermosura, todo el orden de las cosas, sin el cual no puede hallarse o imaginarse cosa alguna criada, cuanto más la criatura angélica que en dignidad de naturaleza excede a todas las demás que Dios crió.
Nadie, por supuesto, lo supo nunca; pero Fortunato durmió mal, esa noche, entre sueños intrincados, en que su tropilla, ora era perseguida por el tren, ora lo arreaba, hasta que después de haber ensillado él la locomotora con su recado, se sintió arrebatado con velocidad infernal, en medio de vapores espesos y de ruidos de trueno, hacia campos desconocidos, donde se encontró con una chinita lo más atenta, que le decía llamarse Angélica.
28 «Angélica imagen, pues tienes poder, dame tal ramo por donde me avises qual dio la Cumea al fijo de Anchises quando al Erebo tentó desçender», le dixe yo e luego le oí responder: «Quien fuere constante al tiempo adversario y más non buscare de lo neçesario ramo ninguno no avrá menester».