anchuroso

(redireccionado de anchurosa)

anchuroso, -sa

 
adj. Muy ancho o espacioso.
Traducciones

anchuroso

roomy, spacious

anchuroso

ampio

anchuroso

ADJ (= ancho) → wide, broad; (= espacioso) → spacious
Ejemplos ?
Rea, entregada a Cronos, tuvo famosos hijos: Hestia, Deméter, Hera de áureas sandalias, el poderoso Hades que reside bajo la tierra con implacable corazón, el resonante Ennosigeo y el prudente Zeus, padre de dioses y hombres, por cuyo trueno tiembla la anchurosa tierra.
Primero vomitó la piedra, última cosa que se tragó; y Zeus la clavó sobre la anchurosa tierra, en la sacratísima Pito, en los valles del pie del Parnaso, monumento para la posteridad, maravilla para los hombres mortales.
Pero aun así y todo, repito que es imposible vivir a su lado, según lo demuestra el hecho elocuentísimo de que, hallándonos él soltero y yo viudo, y careciendo el uno y el otro de más parientes, arrimos o presuntos eventuales herederos, no habite en mi demasiado anchurosa casa, como habitaría el muy necio si lo desease; pues yo, por naturaleza y educación, soy muy sufrido, tolerante y complaciente con las personas que respetan mis gustos, hábitos, ideas, horas, sitios y aficiones.
--- Eran diez meses después, y las diez de una mañana del revuelto mes de marzo: en una anchurosa estancia que seis opuestos balcones en luz todo el día bañan, y que adornan por doquiera preciosos lienzos y estatuas, y en cuyo centro, de mármol un velador se levanta, sobre el cual, y bajo un velo, hay colocada una caja que en la materia y la forma de que es hecha y trabajada parece que encerrar debe alguna preciosa alhaja; sentados están dos mozos que con aquestas palabras en este momento siguen conversación empezada.
En medio de un salon entapizado Sobre mesa anchurosa Y delante de una ancha chimenea Magro tasajo humea, Y de las llamas al amor sentado Enfrente de la hermosa castellana El baron se harta del castillo dueño; Y dá al placer el tiempo que es del sueño, La voluntad torciendo soberana Con que Dios hizo al mundo Cuando animando el caos do yacia La negra noche separó del dia.
Enseguida dio un par de chupadas a una punta que halló pegada a la testera del catre, mientras se amarraba con una escota los enciclopédicos calzones a la cintura; ocultó sus greñas bajo la cúspide de un gorro catalán; y, por último, lanzóse calle abajo en busca de aventuras, osado el continente, alegre la mirada, y tan lleno de júbilo como pudiera estarlo, en un caso muy parecido, el famoso manchego, si bien, a la inversa de éste, no se le daba una higa por que la posteridad recordase o no que ya el rubicundo Apolo extendía sus dorados cabellos por la faz de la anchurosa tierra, cuando él, perdiendo de vista su casa, comenzó a respirar los corrompidos aires de la Dársena.
II En una anchurosa cuadra del alcázar de Toledo, cuyas paredes adornan ricos tapices flamencos, al lado de una gran mesa que cubre de terciopelo napolitano tapete con borlones de oro y flecos, ante un sillón de respaldo, que entre bordado arabesco los timbres de España ostenta y el águila del Imperio, de pie estaba Carlos quinto, que en España era primero, con gallardo y noble talle, con noble y tranquilo aspecto.
La iglesia de las monjas mónicas, en Chuquisaca, resplandecía de luces, y nubes de incienso, quemado en pebeteros de plata, entoldaban la anchurosa nave.
Los enviaron bajo la anchurosa tierra y los ataron entre inexorables cadenas después de vencerlos con sus brazos, aunque eran audaces, tan hondos bajo la tierra como lejos está el cielo de la tierra; esa distancia hay desde la tierra hasta el tenebroso Tártaro.
¡Con qué ansia veía a lo lejos la anchurosa y muy alumbrada calle de la Montera, donde a todas horas hay agentes de la autoridad!
ajad del monte al escondido valle, Frescos arroyos, cristalinas fuentes, Que en esas rocas anchurosa calle Buscáis a vuestras rápidas corrientes, Y en un remanso recogido acalle Vuestra linfa sus ondas maldicientes, Porque sorbiendo el valle su frescura Cargue su espalda de eternal verdura.
Desalado a la iglesia entonces corre, de una curiosa muchedumbre llena, donde, al compás del órgano sagrado místico canto suena: ya el ministro del ara a la esposa de Cristo ministrara en hostia breve, el alimento donde Dios la tremenda majestad esconde que en la anchurosa creación no cabe; cantaba Carmen los eternos votos, y escuchó Rafael el conocido acento de esa voz que el más süave canto fue siempre a su amoroso oído: romper aquel espeso mar de gente en un punto veloz su esfuerzo pudo, y cuando ya del coro estuvo en frente y miró a Carmen, le gritó «detente, no pronuncies tus votos: ya soy viudo».