Ejemplos ?
Largos canales y anchas calzadas montadas sobre el agua les servían para caminar y transportarse a todos los parajes lacustres del ANAHUAC.
Mitre ya tenía – en verdad – ocasión oportuna para poderlo juzgar a sus anchas sin que nadie creyese que lo hacía duramente por sistema.
Y a lo lejos se alcanzaban los reflejos que radiaban las hogueras, que en las anchas rastrojeras y en las lanchas y riberas alimentan sin cesar los cansados labradores, los mojados pescadores que, olvidados sus pesares y sudores, sus azares arrostrados, sus amores desdichados, se reúnen a contar; mientra en olla nada escasa hierve su cena a la brasa del improvisado hogar.
Todos los días, entre doce y una, vengo a visitar el pequeño puerto humillado. Suele haber media docena de vapores o poco más que van ingurgitando por sus anchas escotas las vagonetas cargadas de carbón.
La elaboración del nuevo estado social hace insegura la batalla por la existencia personal y más recios de cumplir los deberes diarios que, no hallando vías anchas, cambian a cada instante de forma y vía, agitados del susto que produce la probabilidad o vecindad de la miseria.
Allí tenía un amigo de la infancia en cada esquina, y mientras estaba con ellos gozaba a sus anchas, porque podía comer, hablar y armarlas al estilo de Santander.
¿Quién lo conoce como él? Ve perfectamente el bananal, muy raleado, y las anchas hojas desnudas al sol. Allí están, muy cerca, deshilachadas por el viento.
Una iguana o un enorme sapo se escurría por entre sus brazos y sus cabellos,asustando los perros, que luego lo perseguían ladrando. Sonriente y embriagado de goce y energía, saltaba Miguel anchas zanjas.
Iba llegando ya, poco a poco. Las calles eran anchas y estaban construidas con pedacería de mármol. Las casas no estaban pintadas, pues lucían el color natural de los ladrillos que las conformaban.
Tras sí abriendo de luz anchas estelas, de navíos altísimos con dotes, a partirse la tierra en doce lotes les llevaron sus naves pequeñuelas.
En aquel instante supremo para el cacique, un hombre despavorido, con una flecha clavada en el costado y despidiendo sangre a borbotones por sus anchas y profundas heridas, acompañado de dos más, no en mejor estado que él se dirigen hacia donde estaba el salvaje.
En fin, llegado el tiempo en que una flota se partía para Tierrafirme, acomodándose con el almirante della, aderezó su matalotaje y su mortaja de esparto; y, embarcándose en Cádiz, echando la bendición a España, zarpó la flota, y con general alegría dieron las velas al viento, que blando y próspero soplaba, el cual en pocas horas les encubrió la tierra y les descubrió las anchas y espaciosas llanuras del gran padre de las aguas, el mar Océano.