amodorrado

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amodorrado, a

adj. Se aplica a la persona que tiene modorra después de la comida se quedó amodorrado. soñoliento

amodorrado

 
adj. Soñoliento, adormecido o que tiene modorra.
Ejemplos ?
Su madre. Y aun ésa, amodorrada en una dicha insípida, no era capaz de compartir los sufrimientos de su hija. Lo mismo que había dejado marchar al hijo, la dejaría morir a ella, tranquilamente...
Cayó sobre un montón de arena, desde una altura de veinte metros. Quedó inmóvil, amodorrada por la conmoción cerebral. Aún alentó y vivió angustiosamente dos días.
Todo por el Niño... Y el sacrílego pensamiento volvía a fatigar a la mujer amodorrada: «Tú también vas a tener un niño... Y nadie se alegra.
«Hong Kong, 18 de enero...»-. Suzette, un tanto amodorrada, se había sentado y le había quitado el papel. ¡Conque aquel andariego había llegado tan lejos!
Entre la lluvia de frases que se ajitan con vertijinoso revoloteo de murciélago i l'aglomeración de períodos que se mueven con insoportable lentitud de serpiente amodorrada, existe la prosa natural, la prosa griega, la que brota espontáneamente cuando no seguimos las preocupaciones d'escuela ni adoptamos una manera convencional.
Entre la lluvia de frases que se agitan con vertiginoso revoloteo de murciélago y la aglomeración de períodos que se mueven con insoportable lentitud de serpiente amodorrada, existe la prosa natural, la prosa griega, la que brota espontáneamente cuando no seguimos las preocupaciones de escuela ni adoptamos una manera convencional.
En su mente parecía revivir esos instantes en que amodorrada y con sumisión, aún atada al sueño, se incorporaba de su petate y enfilaba hacia el corral siguiendo a sus hermanas tras la leña necesaria para encender el fogón, mientras su madre comenzaba a preparar el nixtamal, el café y la copita de mezcal que en ayunas, acostumbraba tomar Don Lázaro, su papá, apenas amanecía.
Ya ves que ayer fue quincena.- La buena mujer amodorrada, lo oía como sin ganas e intentaba incorporarse con una cara entre escéptica y complaciente.
Veía otro Niño regordete, colorado, con pelusa en el cráneo, con un corpezuelo hecho a torno; otro Niño como el del pesebre, con una risa tempranera y una gracia candorosa al buscar el seno de la madre... Con tales suposiciones se calmaban algo los rigores del suplicio, y por momentos quedábase adormecida; mejor dicho, amodorrada.