Ejemplos ?
¿Podría yo pedirte un favor a cambio? ¿Un favor muy pequeño? —¡Dímelo! —exclamé con vehemencia—. ¡Dímelo, amada mía, Eugenia mía! ¡Dímelo! Pero... ¿para qué?
Pero él, papá, ¿qué me daba en cambio, si no era la desgracia de amar con todo mi ser sabiéndome amada, y condenada a no asomarme siquiera a la puerta para verlo un instante?
Y diciendo esto apoyó una mano en una de las ramas de los árboles inmediatos, cruzo una pierna sobre otra y quedose mirando, como sumido en delicioso éxtasis, a la mujer amada, que, hundiendo entre las flores su semblante de raso para mejor aspirar sus perfumes, brillaba toda bañada por los rayos del sol que convertía sus blandos cabellos en áureo y en sedoso y en resplandeciente remolino.
Blancas noches de amarguras y de recuerdos... Callada noche que añoras las puras noches con la bien amada. Ella estará lejos.
A tres pasos, sin duda, estábamos nosotros, muertos por suicidio, rodeados por la desolación de mis parientes, del dueño del hotel y por el vaivén de los policías. ¿Qué nos importaba eso? —¡Amada mía!...—me decía Luis—. ¡A qué poco precio hemos comprado esta felicidad de ahora!
Advertí, sentí, y supe, que estaba profundamente enamorado, irrevocablemente enamorado, y ello, aún antes de ver el rostro de la mujer amada.
En todo aquello, mi amada mostraba una nobleza de alma, una digna sinceridad que me deleitaba, y me encadenaba a ella para siempre.
Hallé esta noticia mirando para otros fines los papeles de los grandes servicios de la casa muy ilustre de don Fernando de Barradas, que él tiene en su poder, originales de mano del rey Católico; y trasladados por mí con toda fidelidad, son los que se siguen: Instrucción "Lo que vos, Francisco Pérez de Barradas, alcaide de la Peza, habéis de hacer en este viaje, adonde ahora vais por mi mandado, es lo siguiente: Primeramente habéis de saber que yo he sido informado que de Villafranca de Niza han partido o partirán presto dos navíos, en los cuales diz que vienen algunas personas a tratar en estos reinos ciertas cosas contra el servicio y estado real de la serenísima reina y princesa, mi muy cara y muy amada fija, y contra el mío.
—Mis primos y yo se lo agradeceremos mucho. Excusezmoi que me retire. Solamente le suplico que ruegue por el eterno descanso de mi amada tía. —Se lo prometo.
La conversación giró luego sobre nuestras disposiciones para el día siguiente. Supe, por mi amada, que Talbot acababa de regresar a la ciudad.
Alcibíades: Soy de tu opinión. Sócrates: Y así cuando una mujer haga lo que debe hacer, ¿no será amada por su marido? Alcibíades: No me parece.
¡Qué ojos tan radiantes..., qué altiva nariz griega..., qué abundantes y negros cabellos! ¡Ah!, dije para mí, lleno de pasión, ésta es en efecto la viva imagen de mi amada!