altivo

(redireccionado de altivas)
También se encuentra en: Sinónimos.

altivo, a

1. adj. Que se comporta con orgullo o soberbia siempre se manifiesta de forma altiva. orgulloso llano
2. literario Que es elevado.

altivo, -va

 
adj. Orgulloso, soberbio.
Sinónimos

altivo

, altiva
adjetivo
altanero, arrogante, despreciativo, orgulloso, soberbio, despectivo.
«Altivo, altanero. Expresiones que indican la manía y locura de los hombres por elevarse sobre los demás, dominarlos, humillarlos y abatirlos, manifestándolo en todas las acciones y de todos los modos posibles. A veces se toma en buen sentido la palabra altivo, sobre todo cuando corresponde a la sublime elevación de las ideas. Altanero nunca tiene buen sentido, como no sea hablando metafóricamente de las cosas (...). Los modales altaneros causan enfado y rencor a los que tienen que sufrirlos, manifiestan la vanidad de los necios y llegan a hacerlos ridículos. El aire altivo acobarda al débil, al apocado, al esclavo; irrita a los hombres independientes (...) aun cuando esta altivez provenga de buenas causas, como la razón, la justicia y la legítima autoridad.»
Pedro María Olivé
Ejemplos ?
Yo, nada encontraba para comer; sólo veía las altivas y serenas palmeras, el límpido cielo azuloso, el ardiente sol implacable, el agua encharcada que parecía cristalina y las infinitas arenas.
El soplo de la revolución no agita únicamente las copas de los robles; pasa por los floridos cármenes y sacude las blancas azucenas y las tiernas violetas. Aliento de lucha y esperanza, acariciando a las olientes pasionarias, las transforma en rojas y altivas camelias.
Temblorosas, tristes o resignadas, entraban en el palacio, que les tenía dispuesto Melchor, las hijas del Cáucaso, de perfecta belleza y rasgados ojos; las griegas, diestras en hacer versos y recitarlos al son de la lira; las persas, que huelen a rosa; las gaditanas, que saben de danzas voluptuosas; las fenicias, envueltas en negros velos; las hebreas, de nobles facciones, y hasta las romanas altivas, que no pocas veces se daban la muerte, ahorcándose con un jirón de su túnica, antes que sufrir la esclavitud y el abrazo del bárbaro rey.
Mi Abuela refunfuñaba, pero también sonreía; con las travesuras de este niño, que no maduró en su vida. Parece que estoy viendo, aquellas latas altivas, que sin perder su prestancia, yacían allí vacías.
La antipatía entre dos naciones las predis­pone con mayor facilidad a insultar y agraviar, a ser altivas e intratables cuando sobreviene alguna disputa, por leve que sea.
Convengamos en que era durilla la posición del arzobispo, que sin echarse a cuestas lo que él creía un inmenso ridículo, no podía hacer bajar su dosel. Su ilustrísima se sentía tanto más confundido cuanto más altivas y burlonas eran las miradas y sonrisas de los palaciegos.
Pero había también un campo sembrado de alforfón, frente al viejo sauce. Sus espigas no se inclinaban como las de las restantes mieses, sino que permanecían enhiestas y altivas.
En la distancia lo había confundido con un esplendoroso cometa, pero al verlo tan cercano vislumbré algo hermosísimo: Mariposas de alas color magenta iban formando una gran alfombra brillantísima, que daban paso a un fastuoso carruaje de platino, adornado con enormes diamantes y pequeños rubíes, conducido por seis blancos Pegasos; cada uno cubierto en el lomo por un pequeño manto de terciopelo guinda resplandeciente, con pequeños hilos de plata en sus orillas y sujetado al carruaje por correas tapizadas de deslumbrantes piedrecillas de color verde amarillento. En sus altivas cabezas llevaban una gran pluma de color anaranjado, semejante a un rayo solar que emanara de sus crines.
Ni tampoco faltaron En el vicioso cesped escondidos Los lirios por el sol descoloridos, Los jacintos morados, Las anchas hacederas, Las pródigas junqueras, Y las altivas y sonantes cañas Rodeadas de mimbres y espadañas; Y aun al pie de una peña guarecidas (175) Del cierzo y de las ráfagas inquietas, Se levantaron de perfume henchidas Tempranas y odoríferas violetas.
Tenía la boca de estatua ¡y las mejillas como flores marchitas, mejillas penitentes, descarnadas y altivas, que parecían vivir huérfanas de besos y de caricias.
Desmayan y se fatigan en vano; retroceden, se revuelcan en tierra hombres y caballos, y las águilas altivas humillan el vuelo raudo ensangrentadas sus plumas, hasta perderse en el fango.
Aun el mar te obedece: sus campos Abandona huracán inclemente, Cuando en ellos reluce tu frente, Y la calma se mira volver. Tuyas son las montañas altivas, Que saludan tu brillo primero, Y en la tarde tu rayo postrero Las corona de bello fulgor.