alondra

(redireccionado de alondras)
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alondra

(Del lat. alauda.)
s. f. ZOOLOGÍA Pájaro estepario, de color marrón tierra, común en campos de cultivo. alhoja, caladre
NOTA: Nombre científico: (Alauda arvensis.)

alondra

 
f. zool. Pájaro paseriforme insectívoro, de la familia aláudidos (Alauda arvensis), de color pardusco con collar negro, que anida en el suelo.

alondra

(a'londɾa)
sustantivo femenino
pájaro cantor de plumaje pardo con bandas negras en el dorso el canto armonioso de la alondra
Sinónimos

alondra

sustantivo femenino
Traducciones

alondra

lark, calander lark, skylark

alondra

дебелоклюна чучулига

alondra

Kalanderlerche, Lerche

alondra

stepalaŭdo

alondra

kalanderlerke

alondra

alouette

alondra

云雀

alondra

雲雀

alondra

Lark

alondra

ヒバリ

alondra

SFlark, skylark
Ejemplos ?
v con las entrañas espirituales al aire del mundo, entregada por entero al cuidado del momento, como viven las rosas del campo y las alondras del cielo.
sólo vi movimientos imprecisos de manos extendidas, de cuerpos en receso de pasos en cadena... No sentí más los brazos derramándome alegrías ni la sinfonía de alondras que escalaban mis pautas infinitas...
El sol brillaba en el cielo, el aire de la mañana ponía en movimiento los trigos, las alondras cantaban volando, las abejas zumbaban en el alforfón, las personas iban a la iglesia con el vestido del domingo y todo el mundo se alegraba y también el erizo.
No tardamos en llegar al desierto que íbamos a habitar por algunos días; una dehesa inmensa, empotrada en medio de otras inmensas dehesas; el suelo alfombrado de cuantas flores y yerbas de diversos y vivísimos matices se pueden imaginar, cubierto de altísimos jarales, salpicado de robustas encinas y hormigueando por todas partes la caza; jabalíes, venados, ciervos, gamos, lobos, zorros, liebres, conejos, águilas, buitres, milanos, grullas, perdices, palomas, búhos, urracas, cucos, alondras...
Un maestro en vez de una madre; los camaradas en vez de los hermanos; el pasante ceñudo que venía a despertarnos cuando estábamos acostumbrados a que nos despertara nuestra abuela; el régimen disciplinario sustituyendo a la libertad campestre, la ciudad indiferente en lugar del pueblo, tan conocido y tan amado como la propia familia; la oración murmurada como una consigna de cuartel, y no aquella salve dicha a la luz del amanecer, al toque de la campana que saludaba al alba, entre el coro de las alondras y el grito agudo de los gallos, mezclados con el rumor de los instrumentos de la labranza que iban a fecundar los campos, y el despertar de toda la muchachería que cantaba en competencia con las aves, exhuberantes de vida y embriagados de luz.
La amo con todos mis sentidos, con mis ojos que la ven, con mi olfato que la respira, con mis oídos, que escuchan su silencio, con toda mi carne que las tinieblas acarician. Las alondras cantan al sol, en el aire azul, en el aire caliente, en el aire ligero de la mañana clara.
Verás entonces prados, y cabañas cubiertas por olmos y laureles y mirto y madre-selva; verás espesos montes, caminos y veredas bajo toldos de verde, fragante, inculta yerba; verás montañas, cerros y dilatadas sierras; robustos, viejos troncos y ramas que se quiebran al peso del follaje; mantos de rica hiedra cubriendo de las ruinas la desnudez escueta; hondos, negros abismos do pavoroso suena el murmurante arroyo que fue por la pradera; verás valles risueños y ríos y florestas, y el humo que, tranquilo, en espiral se eleva, y cabras y terneros y alondras...
Para que tú te regales, no dejaré una con vida veloz liebre en los eriales, ni esquiva perdiz hundida del cerro en los matorrales, ni conejillo bravío dormido bajo el carrasco, ni mirlo a orillas del río, ni sisón en el peñasco, ni alondras en el baldío.
Un estremecimiento de placer recorrió la tierra; brillaron los torrentes y los castillos; los tranquilos y alegres hombres preparaban sus trabajos cotidianos; incontables alondras volaban jubilosas.
Henchía los pulmones un airecillo con aromas de espliegos y de tomillo; flotaban las neblinas en la hondonada, bramaban los becerros en la majada, las alondras corrían por los caminos, las urracas chillaban en los espinos, silbaban los vaqueros, cantaba el cuco y graznaba el imbécil abejaruco.
Se ven marchitas las rosas y mustias las margaritas... ¡Pero no se ven marchitas ni alondras ni mariposas! Con gentileza y donaire se paran en donde quieren, y cuando al cabo se mueren su libre tumba es el aire.
Se entiende que estas circunstancias sólo corresponden al verdadero cazador, al cazador de batida; de ninguna manera al cazador de Madrid, que equipado de los pies a la cabeza de instrumentos de caza, seguido de dos podencos y dos galgos, sale al amanecer del domingo por la puerta de Atocha, con su hermosa escopeta debajo del brazo y su gorra de visera reluciente, asusta a los gorriones de la pradera del Canal y se vuelve molido y sudado al anochecer, después de haber tenido que comprar algún conejo y una caña de alondras para :::::a casa :::volver, como suele el conde :::de Toledo, vencedor.