Ejemplos ?
Asido a mi prisión y sangrándome las manos por haber querido romper las insólitas rejas, me transportaron por un bosque de algas refulgentes de verdes azules de todo tipo, después me trasladaron por un vasto y rojo páramo submarino hasta que en la distancia apareció un impresionante palacio de nácar.
También se encuentran invertebrados marinos como gastrópodos (caracoles) y los bivalvos los cuales se encuentran con foraminíferos microscópicos y algas.
Un vago olor marino, olor de algas y brea, mezclábase por veces al mareante de la campiña, y allá, muy lejos, en el fondo oscuro del horizonte, se divisaba el resplandor rojizo de la selva que ardía.
Empezaba la faena del baldeo. Me levanté y subí al puente. Heme ya respirando la ventolina que huele a brea y algas. En aquella hora el calor es deleitante.
Poco después las banderas tremolaban en los masteleros alegres y vistosas: La fragata daba vista a Grijalba, y rayaba el sol. En aquella hora el calor era deleitante, fresca la ventolina y con el olor de brea y algas.
Atentos a mi deseo los indios que venían en la escolta, magníficos jinetes todos ellos, metiéronse resueltamente lago adelante: Con sus picas de boyeros tanteaban el vado. Grandes y extrañas flores temblaban sobre el terso cristal entre verdosas y repugnantes algas.
En derredor de él y bañados por el mágico fulgor que irradiaban sus áureas escamas, pululaban una infinidad de seres: peces rojos que parecían teñidos de púrpura, crustáceos de todas formas y colores, rarísimas algas e imperceptibles vivientes.
Ellas descansan tranquilas En su portentosa estancia, Que las cobija orgullosa Como ataúd y montaña; Y él duerme al pie de una roca, Entre las ondas amargas, Donde su nombre salpican Las espumas y las algas; Porque la isla compasiva Le recogió en sus entrañas; Donde con su peso abruma La lápida hospitalaria Al que quiso alzar el cielo Sustentándolo en la espalda.
Tal vez sería un rayo de sol que serpenteó fugitivo entre su espuma; tal vez sería una de esas flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas...; no sé; yo creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos.
Una verdadera flota lo ocupaba todas las noches, sin espacio apenas para moverse; pero con el aumento de barcas había venido la carencia de pesca. Las redes sólo sacaban algas o pez menudo, morralla de la que se deshace en la sartén.
Como conmueven el ponto, en peces abundante, los vientos Bóreas y Céfiro, soplando de improviso desde la Tracia, y las negruzcas olas se levantan y arrojan a la orilla muchas algas; de igual modo les palpitaba a los aqueos el corazón en el pecho.
Como dice el proverbio: "El pez no vive en el agua clara". Son las algas las que le permiten desarrollarse plenamente hasta su madurez.