alfalfar

(redireccionado de alfalfares)

alfalfar

s. m. Tierra sembrada de alfalfa.
NOTA: También se escribe: alfalfal

alfalfar

 
m. Alfalfal.
Traducciones

alfalfar

SMlucerne field
Ejemplos ?
Al oírles, ¿quién hubiera podido dudar que Pedro Guetestán había esperado la fortuna de brazos cruzados y que por pura casualidad se había hecho rico, como quien toma un billete de lotería y gana la grande; y que si, habiendo comenzado con ínfimo capital, tenía ahora cincuenta mil hectáreas de tierra de su propiedad; si administraba cien mil más de otros dueños, con interés en su producto; si vendía toros de cinco mil pesos y cosechaba la friolera de seiscientas mil bolsas de trigo; si transformaba en alfalfares anualmente diez mil hectáreas de rastrojos y vendía millares de novillos gordos a los más altos precios...
Y la misma tierra se admira de verse tan fecunda, cubierta, en pocos meses, de alfalfares que siempre retoñan, y de trigales dorados que caen, tupidos, bajo la cuchilla, mientras que las hermosas plantas de los maizales extienden hasta el horizonte, sus verdes líneas.
Si la lana baja, ajusta un poco la faja, y compra alpargatas, en vez de botas; y cuando llega el fin del año, si no queda dinero, por lo menos queda la tierra, con sus mejoras, con su arboleda que crece, con sus alfalfares que verdean y sus animales que aumentan, gordos siempre, y sin peligro que enflaquezcan.
La Argentina también se dio cuenta del negocio que podía ser y no mezquinó los pesos ni los esfuerzos para mejorar sus haciendas con toros y carneros traídos de Europa a fuerza de plata y refinar sus praderas, volviéndolas alfalfares.
Y las horas pasaban, monótonas, rodando el tren por la solitaria llanura, cruzando campos bajos que verdean, cañadones que relumbran, pajonales que esperan el arado, trigales dorados que esperan la segadora, alfalfares de esmeralda, muestras de la Pampa del porvenir, y médanos áridos, recuerdos de la Pampa prehistórica.
Su primera compra de dos leguas le había salido un poco cara, pero con el alza general, que había duplicado su valor, hubiera hecho mal en quejarse; sobre todo que muy pronto, con sus cosechas de trigo, sus negocios de novillos engordados en alfalfares, había podido comprar varios otros campos, todos más o menos cercanos al primero, y, a pesar de haber pagado precios más altos por supuesto que para éste, todos habían tomado tanto valor que se encontraba ya con una fortuna mucho mayor que su amigo Alberto Dupuis.
Volverán, repartidas en pequeños rebaños, a pacer en los alfalfares y en los rastrojos, porque no sólo de pan vive el hombre, y que, a la par del trigo, necesitará siempre carne para comer y lana para vestirse.
Y como un estanciero vecino tenía en campo extenso, pero sin cultivar, todo un rodeo de magníficas vacas importadas que, por falta de buen pasto y de cuidado inteligente, se hallaban en peligro de perecer, se las ofreció a Pedro Guetestán en sociedad; otra suerte que, por cierto, no le hubiese tocado, a. no haber podido proporcionar a esas vacas el recurso de sus alfalfares y de sus conocimientos en la materia.
uicio de sobre Alberdi, uno de nuestros primeros estadistas, ha declarado que, en América «» y el aforismo se ha hecho un principio de gobierno; y para comprender toda la verdad que ese aforismo encierra, basta considerar que esas praderas fertilísimas, situadas bajo un clima privilegiado, cerca de las costas del Océano o sobre vastos ríos navegables, hasta para los vapores transatlánticos, no necesitan más que el brazo del hombre para convertirse, con un esfuerzo mínimo y un gasto más reducido que en cualquier otra parte del mundo, en inmensos campos de trigo o de maíz, o en alfalfares cubiertos de rebaños, por lo que el país puede ofrecer pan y carne en cantidad suficiente para alimentar a Europa.
Adornado con flores y frutos; con milpas y trigales; con cebada y alfalfares; el campo se nos ofrece como un padre protector que se dispone a darle alimentación a sus hijos.
Y los campos, entonces, no eran más que pobres praderas de pasto duro; hoy, cunden los alfalfares; se extiende cada vez más su mancha verde, y la gordura abunda.
Como respetuoso de su sueño, la vía lo ha dejado a tres kilómetros, y sus habitantes, que apenas perciben el lejano silbido de la locomotora, todavía no piensan en aprovechar las facilidades de transporte que les viene a ofrecer, para empuñar el arado y cambiar en trigales y alfalfares sus campos incultos.