alero


También se encuentra en: Sinónimos.

alero

1. s. m. CONSTRUCCIÓN Parte inferior del tejado que sobresale de la pared para desviar el agua de lluvia instalaron un canalón a lo largo del alero para recoger el agua.
2. Pieza sujeta a los costados de la caja de un vehículo para proteger de las salpicaduras del lodo. guardabarros
3. DEPORTES Jugador que juega por las alas y cuya función es lanzar a canasta de media o larga distancia, en el baloncesto siempre jugó de alero.
4. CAZA Atajo o paredilla para encajonar las perdices y dirigirlas a la red.
5. adj. ZOOLOGÍA Se refiere al ciervo joven que todavía no ha procreado.
6. estar en el alero Hallarse en una situación inestable y de difícil solución la concesión del crédito todavía está en el alero.

alero

 
m. Parte inferior del tejado, que sobresale de la pared.
Cada una de las piezas sujetas a los costados de la caja del coche para preservar de las salpicaduras del lodo a los ocupantes.

alero

(a'leɾo)
sustantivo masculino
parte inferior de un tejado Los aleros desvían el agua de lluvia de las paredes.
Sinónimos

alero

sustantivo masculino

alero:

tejadillocornisa,
Traducciones

alero

الطنف.

alero

Okap

alero

屋檐

alero

屋簷

alero

처마

alero

Takfot

alero

SM
1. (Arquit) → eaves (Aut) → mudguard, fender (EEUU), wing
estar o en el alero (= indeciso) → to be unsure, remain undecided
2. (Dep) → winger
Ejemplos ?
La boca de tu sombra se durmio sin alero para guardar la frente mi bisagron de lata con que arrimar la puerta mientras los nihos duermen.
Y se aguarda nerviosamente la aparición de un bedel (todos los que preguntan son bedeles). Es como llegar a un alero y sostenerse ahí.
Reintegrada la Provincia de El Oro a la soberanía nacional, después de soportar seis meses de duro cautiverio» un júbilo intenso se agitó en el corazón cié la masa exilada, ante la realidad de regresar hacia sus querencias y a la sombra del alero que había protegido toda una vida.
Es natural que penséis en ello; pero oídme: «Cuando vosotros erais muy pequeños, cogí yo en el alero de ese tejado un nido de gorriones; me los llevé a casa, los puse en una jaula y la dejé encima de la ventana.
-Pos porque el Ecijano ha visto esta mañana el cielo abierto, porque su amigo ha querío jugársela de vivo, porque se ha enterao de que no es amigo suyo de verdá, porque ese caballero le tiée asquito a un tal Zargatona que anda cimbeleándola a usté, y que no quiere que naide cante unas malas seguirillas en este alero, y como le tiée asquito pos le ha querío dar coba al de Ecija, pa que el de Ecija, sin saber lo que se jacía, le quitara el mal bicho del reondel, y el Ecijano, como es natural, se hizo er lila y como ya no tiée que guardarle consecuencias a naide, pos velay usté, se ha dío en busca mía, y yo me he venío aquí pa decirle a usté que o le degüelve usté a ese hombre toíto lo que le ha quitao o se jura la constitución ahora mismito al pie de su ventana.
Por fin uno de ellos echó a volar, volvió a poco rato con un grano de trigo en el pico, entró en la jaula, dió de comer a una de las crías, y mientras él practicaba la operación, se fué el otro gorrión y volvió también cargado de trigo...; en fin, que los dos padres mantuvieron a los pajarillos, ni más ni menos que cuando estaban en el alero del tejado.
Nací debajo del alero de un tejado. Cuando rompí el cascarón y miré por la abertura del nido, todo me pareció muy bonito: deseaba llegase el momento de echar a volar, pero mis padres contuvieron mi impaciencia y la de mis hermanitos con sus buenos consejos.
Dijo a la vieja que tendería el recao bajo el alero, que la noche iba a ser caliente; y cuando todos se habían dormido, enderesó al Quintón con un paso menos asentao que años antes y caviloso sobre el cambio que había dao el malevo en sus costumbres.
Y momentos después volaba el pequeño escuadrón en la dirección indicada por el teniente, alumbrados por la luna que resplandecía en el charolado correaje y en el reluciente alero de los pesadísimos sables y de las no menos brillantes tercerolas.
-Pos bien: a la Trini le gustan dambos, pero como pa ella el Molinete era pan comío y el otro no lo era, pos velay tú, encomenzó la gachí a jacerle cucamonas al Siguirillero, y éste, a quien le gustan toas desde el pelo al tobillo, encomenzó tamién a aletearle a la Trini, y entonces yo, como sabía que yo le gustaba más a Toño que la otra y que a la otra le gustaba más el Molinete que Toño, pos me dije yo pa mí: «Vamos a que ca gorrión se pare ya de una vez en su alero.» Y una mañana que vi a Joseíto más desesperao que un quinto en un calabozo, le propuse que jiciera como que tiraba los chambeles y que yo haría como que él a mí me gustaba como la miel de colmena.
Alguien no cae. Pero con toda valentía se mata en el mismo alero. Es lo mismo que llevar al alumno al filo de una roca y -como Satán a Cristo- decirle: "Todo esto será tuyo si me respondes a estas preguntas, si tienes suerte con estas bolillas desde donde te miro".
Las golondrinas, que ahora son respetadas porque le arrancaron á Cristo con el pico las espinas de la corona, serían perseguidas y muertas, y no acudirían todos los años á hacer el nido en el alero del tejado ó dentro de la misma casa, ni saludarían al dueño con sus alegres píos y chirridos.