Ejemplos ?
Tal vez yo me caiga también por las escaleras y gane a una princesa». Y se alegró ante la idea de que al día siguiente volverían a colgarle luces y juguetes, oro y frutas.
(Ahora Alicia se alegró de que no hubiera nadie escuchando, porque esta palabra no le sonaba del todo bien.) Pero entonces tendré que preguntarles el nombre del país.
La abrió, y por la palma de su mano rodó una cascada de diamantes de diversos quilates. Fernando se alegró. Luego, ayudándose de su alfanje, trabajó durante algunas horas hasta que consiguió abrir una tumba, en la cual sepultó al infortunado desconocido.
Mientras observaba el paisaje, vi cerca del río a dos viajeros, uno de los cuales preparaba un almuerzo, mientras el otro sujetaba con la brida los caballos. Me alegró tanto ver a aquellos hombres que mi primer movimiento fue gritarles: «¡Agur, agur!».
Dougal se alegró mucho de ver a Steenie y lo condujo al gran salón de roble, y allí estaba el señor sentado en completa soledad, excepto por la compañía de un mono feo y grande que era su animal favorito; era una bestia maligna que gastaba muchas bromas pesadas –difícil de complacer y fácil de enfadar–, correteaba por todo el castillo parloteando y gritando, robando y mordiendo a la gente, sobre todo cuando iba a hacer mal tiempo o iba a haber problemas de gobierno.
Pero en París están dando las doce durante una hora, y el reloj del Louvre tomó pronto la palabra con más solemnidad, luego el de los Agustinos y después el del Châtelet, de modo que Eustaquio, asustado porque se había hecho muy tarde, echó a correr con todas sus fuerzas, dejando atrás en pocos minutos las calles de la Monnaie, de Borrel y Tirechappe; luego contuvo el paso y, una vez dobló la calle de la Boucherie–de–Beauvais, alegró el semblante al vislumbrar los toldos rojos de la plaza de Les Halles, los tenderetes de los Enfants–sans–Souci, la escala y la cruz y el hermoso farol de la picota con su tejadillo de plomo.
Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
Hablándoles de tal suerte y con altaneras voces, los despidió.Contra su voluntad fuéronse los heraldos por la orilla del estéril mar, llegaron a las tiendas y naves de los mirmidones, y hallaron al rey cerca de su tienda y de su negra nave. Aquileo, al verlos, no se alegró.
De tal suerte el anciano, diestro desde antiguo en la guerra, les arengaba. Al verle, el rey Agamemnón se alegró, y le dijo estas aladas palabras: —¡Oh anciano!
Pronto los primeros rayos del sol hicieron que el tecolote huyera de allí para no quedar ciego, pues sólo de noche veía bien. Entonces el gatito montés se asomó, y aunque tuerto, se alegró de su triunfo.
Inmediatamente marcharon las tropas detrás de los jefes, como las ovejas siguen al carnero cuando después del pasto van a beber, y el pastor se regocija en el alma; así se alegró el corazón de Eneas en el pecho al ver el grupo de hombres que tras él seguía.
A la mañana siguiente los dos niños golpearon la puerta de su padre; "¡Hemos llegado!" gritaron los niños, la madrastra estaba furiosa, pero el leñador se alegró inmensamente, porque lamentaba mucho lo que había hecho.