Ejemplos ?
Jamás había visto estampas ni grabados de esos que acompañan a ciertas historias de los mártires. Era aquella pobre aldeana una mística sin libros.
La monja sacudió bravamente el agua que mojaba su mantilla de aldeana: —¡Vaya que me ha costado trabajo convencer a ese bendito Cura de Orio!...
Las mujeres le estimaban por ser hombre de gran erudición, que había leído íntegramente varios libros y que dominaba a la perfección el de Cotton Mathers, Historia de la brujería en Nueva Inglaterra, obra en la cual él creía a pie juntillas. Crane era una extraña mezcla de picardía aldeana e ingenua credulidad.
Aquellos dos mastines eran dos valientes de la parroquia que habían olido perro nuevo en ca el Cutu, y venían a ver si era perra. Olieron al Quin con cierta grosería aldeana, y, desengañados, con medianos modos le invitaron a seguirles.
¡Apenas podría creerse que con semejantes mártires, y tal porvenir, hubiera cubanos que atasen a Cuba a la monarquía podrida y aldeana de España, y a su miseria inerte y viciosa!–A la revolución cumplirá mañana el deber de explicar de nuevo al país y a las naciones las causas locales, y de idea e interés universal, con que para el adelanto y servicio de la humanidad reanuda el pueblo emancipador de Yara y de Guáimaro una guerra digna del respeto de sus enemigos y el apoyo de los pueblos, por su rígido concepto del derecho del hombre, y su aborrecimiento de la venganza estéril y la devastación inútil.
Al perderla de vista no cayó la pobre aldeana exánime sobre las losas del Muelle, porque Dios ha dado a estas criaturas una fuerza y una fe tan grandes como sus infortunios...
Y echando al suelo el haz de leña, bajó hasta meterse con los zuecos en el agua, los brazos en alto como una sibila aldeana, clamorosa, desesperada y adusta: —¡Dios Nuestro Señor quiere probarnos y saber ansí la fe que cada uno tiene en la su ánima, y la firme conciencia de los procederes!...
Y el que resuelva sin investigar, o desee la unión sin conocer, o la recomiende por mera frase y deslumbramiento, o la defienda por la poquedad del alma aldeana, hará mal a América.
Al meterse en la senda, donde revuelve y se alza el crucero, todo recubierto de viejo liquen de oro, una mocita aldeana, muy joven, salió de una casucha, llevando en la cabeza, en equilibrio, un cesto.
—¿No se acuerda usted de mí? Y se acercó, descubriéndose un poco la cabeza que se tocaba con una mantilla de aldeana navarra. Yo vi un rostro arrugado y unos ojos negros, de mujer enérgica y buena.
Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas. Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka.
Puede decirse que el 10 de diciembre dejó atónita a la Montaña y la hizo dudar de su propia salud mental, porque, con una burda farsa aldeana rompía, riéndose, la analogía clásica con la vieja revolución.